El Monte Ombligo CXIV

No te estoy diciendo que será fácil, te estoy diciendo que valdrá la pena.

A Noa le gustó mucho como sonaba aquello y no tardó nada en leerle lo que había escrito en la pared para además agregar los cálculos que había hecho, o al menos hasta donde había llegado con sus conocimientos.

Observó cómo Ra asentía atendiendo a sus palabras para luego proceder a decir dónde había fallado y también a explicarle aquello que ella aún no había aprendido y que la frenó en seco.

Ella le prestó suma atención, cuando él hacía alguna pausa para ver si aún lo seguía, ella asentía sin decir palabra para confirmárselo y deseosa de saber más.

-Oooh… -valoró sorprendida cuando Ra, tras enseñarle la forma de hacerlo la había dejado llevar los cálculos- creo que ya lo se -opinó Noa pulsando los botones, miró a su padre para ver si estaba en lo correcto y él asintió orgulloso, eso la hizo ampliar su sonrisa antes de que pulsara el “enter”.

El resultado fue que la pared hizo un ruido seco antes de desplazarse hacia atrás dándoles vía libre. Noa amplió su sonrisa y alegre avanzó por el corredor. Fue entonces cuando se encontró con otra puerta con un problema de mayor dificultad.

-¡Genial! Otro problema para que hagamos juntos Pa -le dijo de forma animada y él asintió comentando:

-Vamos allá.

Aquel también lograron resolverlo siendo un equipo, aunque más bien se podía tratar de una enseñanza maestro-alumna. Pero eso a Noa sólo la animaba más, el poder ser alumna de su padre la hacía muy feliz, cosa que no dudó en revelarle mientras proseguían el camino:

-Deberíamos de hacer esto más veces, ¡formamos un gran equipo!

Aunque en la cara del antiguo Supremo Señor del Sistema no se vio, Noa si sintió como si sonriera por su comentario antes de que le respondiera:

-Y lo haremos Noa, cuando tú quieras.

Sus palabras emocionaron a la joven la cual vio confirmado el hecho de que él estaba allí, que ya no sería nada como antes en el buen sentido de la palabra, y que podrían hacer cosas como aquella que eran algo padre-hija. Algo que siempre había añorado tener y ahora finalmente podía.

-Bueno, bueno -valoró él que había sentido la fuerza de los sentimientos de su hija, lo cual la llevó a ruborizarse y pedir disculpas:

-Per… perdón.

-No, nunca te avergüences de tus sentimientos Noa -le rebatió él de forma tranquila sintiéndose por un lado halagado al notar lo feliz que era ella con él y por otro sabiendo muy bien que el ocultar los sentimientos no valía de nada con el tiempo.

-No lo haré -le prometió la jovencita y antes de que Ra pudiera decir algo más la cueva de pronto desapareció ante sus ojos para verse en lo que parecían ser unas celdas.

-Qué…- murmuró Noa anonadada para luego observar cómo Nebnefer volaba hacia la parte más oscura y apartada del lugar para dejar a la luz a un grupo de personas que parecía estar muy asustados y se encogieron más ante la luz del escarabajo.

-¿Dónde… estamos? -planteó la niña confundida mirando a su alrededor.

-Ha de ser otra prueba -valoró su padre y eso la llevó a mirar a aquella gente que parecía tener tanto pánico:

-¿Estáis bien? -luego miró a Neb antes de sonreír  y decir con franqueza- No os hará nada.

-Idos… salid de aquí… -murmuró una mujer y fue entonces cuando Noa escuchó un sonido a su espalda y se volvió para ver como la puerta de aquella cárcel se entreabría.

-Pero… ¿y vosotros? ¿Por qué no escapáis? -le preguntó

-Nosotros ya no tenemos salvación -opinó un hombre mayor con la mirada baja.

Noa se rebeló ante aquel comentario y replicó:

-¡Claro que si! Nosotros os ayudaremos.

-No lo entiendes… si te quedas… -empezó a decir una tercera voz pero Noa lo cortó, ella no necesitaba saber nada más que el hecho de que necesitaban ayuda, por ello dijo segura:

-Saldremos de aquí todos.

-Eso es un imposible… -comentó de forma desanimada otra joven y Noa negó con la cabeza para luego decirle con franqueza:

-No lo es, te lo prometo.

-¿Cómo puedes prometer algo así?

Fue en ese momento cuando Noa la miró y se sintió su determinación de forma palpable:

-Porque estamos aquí para ayudar -replicó ella como si aquella pregunta le pareciera absurda. Fue en ese momento cuando, extrañamente, todos sonrieron ante sus palabras.

-Lo estáis haciendo bien -comentó un hombre ganándose un capón por parte de la mujer que tenía a su lado a la cual miró mal.

-Seguid por ese camino -opinó otra antes de que todos volvieran a desvanecerse y se encontraran de vuelta en la cueva.

-Qué fue eso… -murmuró Noa aún confundida.

-Ha debido de ser la prueba de la bondad, aun que esa gente… -dejó la frase en el aire.

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Un comentario en “El Monte Ombligo CXIV

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