El Monte Ombligo CXII

A cada paso que damos se abre una nueva oportunidad.

 

Noa volvió hacia el arcón y se sentó frente a él para luego cogerlo con cuidado y examinarlo más de cerca.

-Pues… ¿será caridad? -le preguntó a su padre dejando el objeto en su sitio para que él, que estaba de vuelta en su cuello ya, le comentara:

-Tiene toda la pinta.

Noa clavó su vista en el interior vacío del arcón y se preguntó ” ¿y ahora qué dejo yo? ” No era de las que llevaban mucha bisutería encima, se había acostumbrado a eso desde que visitaba los “bajos fondos” en la Tierra. Sonia se lo había recomendado para evitar que alguien quisiera atracarla para robarle, una medida de seguridad muy bien planteada teniendo en cuenta los lugares a los que iban.

“La pulsera ya la di en pago de la posada” valoró la jovencita , era lo único que había llevado puesto pero, su mente regresó a lo que había estado pensando de la Tierra y recordó el talismán que siempre llevaba consigo, para ella era algo que le había dado siempre buena suerte.

Se llevó la mano a la cremallera de la cazadora y la bajó un poco para luego introducir la mano y llevársela al bolsillo interior del cual sacó un viejo cochecito de juguete.

-¿Y eso? -le preguntó Ra interesado observando con curiosidad el coche, vio que Neb también se interesaba pues el escarabajo alzó por un momento el vuelo para luego apoyarse en la muñeca y también mirarlo.

Noa se ruborizó para luego admitir despacio:

-Es mi talismán de la suerte -viendo la confusión de los dos procedió a explicarles- ya sabéis que en la Tierra ayudaba a la gente los fines de semana – os dos asintieron, Neb lo sabía porque lo había visto de primera mano y su padre porque se lo había contado- pues este juguete fue lo que me impulsó a hacer eso -comentó con una sonrisa levantando el cochecito-. Me encontré con un niño que no tenía recursos y le di mi merienda y él insistió hasta que lo consiguió que me quedara con el cochecito. Era lo único que él tenía… y me lo dio en agradecimiento…

-Los que menos tienen son los que más lecciones nos dan -valoró su padre y la jovencita no pudo más que darle la razón con un asentimiento de cabeza ya que estaba de acuerdo.

-Es lo de más valor que tengo encima -opinó con una sonrisa, le parecía un cambio justo, el talismán por dejarlos seguir.

Por eso mismo no dudó en colocarlo dentro del arcón. En cuanto lo hizo este se cerró a la vez que el mismo sonido que habían escuchado cuando lo había abierto resonó en el silencio del bosque.

La confirmación de que la barrera se había quitado se la dio Nebnefer que alzó el vuelo casi al momento. Noa amplió su sonrisa y se puso en pie cogiendo el papiro por el camino y dejando el arcón donde estaba.

-Menos mal que el pago valió para los tres, sino a ver que dejabas tu Pa, que vienes desnudo -se permitió bromear la niña siguiendo a Nebnefer.

-Yo soy una vieja serpiente doméstica y él un escarabajo. Es motivo para quedar exentos -le contestó su padre siguiéndole el juego.

Noa le hizo una cariñosa caricia antes de contestar socarrona:

-Eso es jugar con ventaja, para la próxima me pido poder transformarme en un animal también.

-Por un rato estaría bien, pero luego querrías volver a tu forma habitual.

-Eso es verdad -admitió tras pensarlo un momento para luego sonreír de oreja a oreja- pero es lo que tu dices, ¡un rato estaría guay! Aunque… -volvió a ponerse pensativa- no se si sabría qué animal querría ser… mmm… ¿un caballo? no, no, muy grande… un oso polar tampoco… un leopardo de las nieves no… quizás un gato, seh, puede que me decantara por eso.

-Un gato estaría bien. Si hablaran, ellos dominarían el mundo -opinó su padre y la niña dejó volar su imaginación hacia esa imagen que se le presentaba.

-Uhmm… por su carácter creo que serían un poco mandones -opinó con una sonrisa para luego comentarle acordándose de algo- ¿Sabes? En la Tierra ya pasó.

-¿Cómo que ya pasó? -inquirió sorprendido el antiguo Supremo Señor del Sistema.

-Siii lo leí en una página de curiosidades antiguas. Creo que era en Estados Unidos, que pusieron a un gato de alcalde -Noa no pudo evitar reírse divertida recordando la noticia.

-Estos Tau’ris… no se de qué me sorprendo.

El comentario de su padre aún le hizo más gracia.

-Luego había otro gato en un hospital que predecía la muerte, se subía a la cama de la persona que iba a fallecer. La verdad es que me daría yuyu el que se subiera a mi cama aun que me gusten mucho los gatos…

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Un comentario en “El Monte Ombligo CXII

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