El Monte Ombligo CVI

Ante la crisis, imaginación.

Noa le hizo caso a su padre pues sabía que él tenía una gran experiencia y también había notado cómo se habían relajado con la primera recomendación que había seguido. Por eso y con tacto ayudándose levemente con la empatía para que ellos no lo notaran le dijo al hombre:

-Yo… vengo desde muy lejos, ¿podría indicarme donde hay una posada?

El hombre la miró por un momento suspicaz, sin fiarse aún del todo de aquella extranjera pero Noa leyó en sus pensamientos que creía que indicarle dónde quedaba la posada era una mejor opción que dejarla allí delante del monumento, fue eso lo que lo llevó a asentir antes de decirle:

-Te llevaré a una.

Noa sonrió y le dijo con franqueza aproximándose a él a la vez que veía cómo la gente volvía a sus quehaceres dejando atrás el tenso momento que acababan de pasar:

-¡Muchas gracias!

Comenzaron a recorrer las calles y la jovencita aprovechó para seguir con su escrutinio curioso. Le llamaba mucho la atención las casas ya que eran estrechas y en algunas partes las calles también lo eran de forma que sólo entraba una persona.

En las calles más anchas había puestos a los lados o carromatos circulando arriba y abajo siendo tirados por caballos, en la Tierra quedaban muy pocos de esos animales y eso que a Noa le encantaban, siempre le habían parecido animales preciosos y con su particular carisma.

“Tengo que averiguar más de esta extraña antes de llegar a la Posada” escuchó que pensaba aquel hombre y la jovencita se preparó para la pregunta que vino a continuación:

-Y si no es mucha indiscreción ¿De dónde procede damisela? ¿Y cómo es que viaja sola?

-Sí, es mucha indiscreción -escuchó que gruñía en un susurro su padre a su oído y eso la hizo sonreír a medias.

A Noa no le sorprendieron ninguna de las dos preguntas, la primera porque la había visto venir y la segunda, mirando a su alrededor se imaginaba que para ellos tendría que ser raro el que una jovencita fuera por ahí ella sola.

“No viajo sola” podría haberle respondido pero sabía que eso sólo azuzaría la curiosidad de su guía y no era eso lo que quería conseguir. En vez de ello echó mano de los recuerdos que tenía sobre cómo era el planeta y de los pocos focos de energía que había visto a parte del más importante que se encontraba allí y comentó:

-Vengo del otro lado del mar.

-¡Vaya! -repuso sorprendido el hombre volviendo la cabeza hacia ella- Está muy lejos de su hogar.

Noa se encogió de hombros para luego decirle con una sincera sonrisa:

-Me encanta conocer sitios nuevos.

No mentía y además aquel fue un punto a su favor ya que el hombre vio que no le estaba engañando con sus palabras sino que estaba siendo abierta y sincera con él:

-Mucho debe gustarle para alejarse tanto, le habrá llevado meses llegar aquí.

-Bueno… -ni lo confirmó ni lo desmintió sencillamente se salió por la tangente- cuando estás entretenido y te lo pasas bien el tiempo vuela.

Ahí el hombre no tuvo nada que replicar, primero sabía que ella estaba en lo cierto y segundo porque ya habían llegado a la Posada.

-Aquí es -dijo el hombre deteniéndose ante una casa un poco más ancha y de varios pisos, desde las ventanas salía una acogedora luz y justo sobre la puerta maciza de madera había un cartel con forma de cerco que se movía de vez en cuando por culpa del viento haciendo que sus bisagras sonaran chirriantes.

“¿Por qué un cerdo?” se planteó Noa mirándolo curiosa para luego volver la vista hacia el hombre y decirle con una sonrisa:

-Muchas gracias por haberme traído, espero no haber interrumpido nada importante.

-No se preocupe señorita, un placer -se despidió  antes de perderse entre los demás transeúntes.

-Menuda labia tienes -le dijo su padre jocoso y ella se sonrojó vivamente.

-Ta…. tampoco tanta Pa -murmuró abriendo la puerta.

-Te has desenvuelto muy bien -replicó orgulloso por como había llevado la situación.

Cuando entró en el establecimiento vio varias mesas redondas desperdigadas por este, al fondo al lado de una escaleras estrechas había una gran chimenea y a su derecha una larga barra donde se encontraba un anciano con espesa barba blanca y mejillas sonrojadas.

Había cinco o seis personas en las mesas que se la quedaron mirando por sus llamativos atuendos, ella hizo como que no se enteraba intentando no sonrojarse más de lo que ya estaba y caminó hacia el hombre mayor que se entretenía limpiando, si es que se podía llamar así, un vaso de madera con un trapo gris oscuro a causa de la mugre.

“No pienso pedir nada ni de beber ni de comer aquí” valoró la niña mientras llegaba a la barra y saludaba risueña:

-Buenos días.

El hombre detuvo su monótono quehacer para luego mirarla, vio como elevaba una ceja al observarla de verdad por primera vez y respondió:

-Buenos días jovencita, ¿ qué deseas?

-Una habitación si es que le quedan.

-Claro, son dos monedas de plata la noche –

-Eu… -soltó Noa dándose cuenta de que no tenía dinero encima, tampoco había pensado que fuera a necesitarlo claro está y aún de tener para ellos no valdría porque eran otro tipo de monedas.

-Porque tendrá para pagar, ¿verdad? -insistió el hombre al ver como dudaba.

Fue entonces cuando Noa recordó lo que había visto en el mercado y le preguntó al hombre:

-¿Valen trueques?

Él se encogió de hombros como si no le importara nada y le respondió:

-Depende de lo que ofrezcas, esa cosa azul que tienes colgada sería un buen trueque.

Vio que señalaba en dirección al escarabajo y ella negó con la cabeza:

-Eso no, es algo muy importante para mi, pero tengo esto -se llevó una mano a la muñeca y se sacó una pulsera de oro que luego le tendió. Al hombre pareció que le brillaron los ojos y la cogió con cuidado examinándola con detalle acercándola a la luz de una vela.

Noa leyó en sus pensamientos que valía de sobra, es más, estaba pagando por encima pero eso le dio igual, de todas formas no tenía otra cosa con la que pagar y tampoco iba a quedarse más tiempo del necesario.

-Esto bien lo vale -opinó el hombre cogiendo una llave de hierro negro que luego le tendió-. Subiendo a la derecha, la última puerta.

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Un comentario en “El Monte Ombligo CVI

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