El Monte Ombligo XCVIII

En este momento, las semillas de un destino perfecto están latentes en tu interior.(Deepak Chopra)

Kate entendió perfectamente esas palabras, al igual que Ra, y comentó:

-Entonces querrán imponer su fe para de paso alimentarse de ella,

-Eso mismo y no se detendrán ante nada – les aclaró la nodriza para que comprendieran lo realmente nocivos que serían para la galaxia.

-Entonces hay que dar con ese Santo Grial -sentenció Ra de forma segura desde el hombro de Kate, donde estaba cómodamente apoyado, como siempre.

-¡Eso es! -apuntó en ese momento Noa- ¡Por eso voy a ir a por él! -soltó de forma sorpresiva y sin paños calientes.

Aquella revelación los tensó en el sitio a la par que los dejaba sin palabras por un momento. Kate sintió como los anillos de Ra  se cerraban en un espasmo involuntario contra su cuello, demostrándole de esa manera que estaba tan preocupado como ella ante las palabras de Noa.

-¿Cómo? -logró musitar Kate , sin duda no era partícipe de que su hija se embarcase en tal empresa, ni mucho menos, tras todo lo que había sucedido. Ahora que por fin podía contar con una vida verdadera  y tranquila ni ella ni Ra deseaban que se pusiera en peligro.

-Iré a por el Santo Grial mientras vosotros acabáis de organizar la Galaxia, de esa forma…

Se interrumpió cuando Kate puso sus manos sobre sus mejillas de forma cariñosa:

-Eres aún muy joven Noa, no tienes que cargar con este peso, en verdad no tienes que cargar con ninguno, sólo debes ser feliz.

Ahí Noa se quedó por un momento congelada al sentir los fuertes sentimientos de ella hacia su persona y eso sólo hizo que la quisiera aún más.

Comprendía en sus palabras y también sus sentimientos lo que la llevaba a decir aquello, su deseo era protegerla de todo mal, como lo hace cualquier madre. Pero su hija ya había tomado una decisión y se lo demostró posando sus manos sobre las de ella para luego decirle con rotundidad:

-Voy a ir a por el Santo Grial mamá -en ese momento vio como Kate apretaba los labios de forma contrariada porque no quería que se fuera, cosa muy normal- No estaré sola, Nebnefer me acompañará -agregó para tranquilizarla.

-¿ Cómo que Nebnefer te acompañará Noa? – intervino su padre de forma brusca y las dos se separaron mientras Sonia intervenía:

-El escarabajo que Noa tiene consigo es Nebnefer, el la acompañará en su viaje.

-¿Él está de acuerdo? -planteó Ra sorprendido ante aquella revelación mientras Kate seguía teniendo sus dudas. No era porque desconfiara de Nebnefer, ni mucho menos, ya que lo apreciaba en grado sumo pero de ahí a permitir que su hija fuera en busca del Santo Grial había un gran trecho.

-Sí Padre, él es Nebnefer -dijo la jovencita acariciando la cabeza del escarabajo que movió su cabeza de forma afirmativa.

-¿Neb? Tú… piensas qué… -comentó dubitativa Kate mirando al escarabajo que se encontraba sobre el hombro de su hija y este levantó el vuelo para luego posarse sobre su propio hombro y frotar suavemente su cabeza contra ella y también contra Ra.

Los dos sintieron una calidez que a ninguno se les hacía extraña, era como si el joven anfitrión los estuviera abrazando. Los dos cerraron los ojos por un momento dejando llevarse por esa sensación que sólo él les podía ofrecer.

 


 

Al final tanto Kate como Ra cedieron poco convencidos de dejar marchar a su hija y a Nebnefer en busca del Santo Grial. No dejaba de ser una misión en la cual los dos se embarcaban solos, con nuevos peligros y problemas para lograr dar con el Santo Grial.

Entendían los argumentos que les habían dado, ciertamente no se les podía pedir más a los miembros del Consejo ni a Ángelo, ellos ya tenían mucho trabajo por delante, pero ¿enviarla a ella?  ¿Junto a Nebnefer en ese estado? ¿Era lo correcto?

Fue la víspera del día que se iban a ir cuando Kate,en su habitación, la cual compartía con Ra desde que este había vuelto a la vida, notó como este se removía inquieto sobre la almohada que compartían.

-Ra… -murmuró ella con cariño abriendo un ojo para encontrarse con los de él, lo cual le cortó el aliento -deberías de dormir un poco -agregó de forma suave .

-No puedo, se van mañana -se sinceró él y eso hizo que en sus labios se formara una media sonrisa

-¿Quieres ir con ellos? -le planteó despacio sabiendo ya la respuesta de antemano:

-Sí claro, pero tú… -dejó la frase en el aire y ella supo perfectamente que era lo que lo retenía para no haberse ido ya a la nave de cabeza.

Fue entonces cuando abrió sus dos ojos y lo miró con cariño para luego animarlo a ir a su manera:

-Bueno, si los acompañas al menos sabré que todo aquel que se pase con ellos se llevará un buen mordisco en el culo.

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Un comentario en “El Monte Ombligo XCVIII

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