El Monte Ombligo XCV

Aquellos que amas te cambian. Las cosas que aprendes te marcan (Vaiana 2017)

El ordenador del joven levitó y se situó entre ambas al mismo tiempo que se encendía. Sonia apreció la táctica de Nebnefer, él conocía la historia de labios de sus padres y podía contarla sin contravenir ni una ley de los ascendidos. Su estadio intermedio lo favorecía ya que esa información no la había obtenido de su estado de modo que si lo intentaban acallar, irían en contra de sus propias normas.

-Sí, tienes razón -admitió la nodriza mientras se formaba una imagen holográfica sobre la pantalla-. Es necesario que lo sepas.

La llama chisporroteó y Sonia le dio voz a las imágenes que se reproducían:

-Al principio fueron una única sociedad en la que convivían las dos tendencias: la ciencia y la religión. Pero de pronto, mientras que los partidarios de la ciencia admitían y respetaban a la religión, no fue así con los otros. Ellos, convencidos de que su visión de las cosas era la única que existía, entendían que aquellos a los que no convencieran no merecían existir… dando lugar a una batalla desigual, porque los que iban a favor de la ciencia nunca se alzaron contra ellos al entender que así no serían mejores que ellos.

-Pero… ¿y en defensa propia? -preguntó Noa.

La nodriza negó con la cabeza:

-Se pasa muy rápido de la defensa al ataque pues ellos jamás se rendirían -hizo una pausa y continuó-. Así que los pocos supervivientes fletaron una nave y acabaran aquí, lejos de la galaxia que fue su hogar.

-¿Y los Ori han descubierto esta galaxia ahora?

Un parpadeo de la luz por parte de Nebnefer fue suficiente respuesta.

-Aquí, prosperaron y avanzaron -dijo Sonia-. Siempre deseosos de aprender y compartirlo con todo aquel que lo quisiera… incluso otras razas.

Noa inquirió curiosa:

-¿Otras razas?

La nodriza sonrió ante ese genuino deseo de aprender previamente a continuar con el relato.

-Los Furlings, los Nox, los Asgards y ellos conformaron la alianza de las Cuatro Razas que reunían para compartir lo que sabían y enriquecerse mutuamente -suspiró-. Pero los Ori, que no cesaron en su ambición, encontraron esta galaxia… y mandaron la mortal plaga contra la que tus antepasados lo intentaron todo: los que no murieron ascendieron y los poco que no enfermaron volvieron a huir… no sin antes volver a infundir vida a la galaxia.

-Qué horrible… -murmuró Noa con respecto a la plaga para luego preguntar siguiendo siempre su deseo de ver más allá- ¿Infundir vida a la galaxia?¿ Huyeron a otra más? ¿Eso significa que allí si están?

Sonia sonrió de nuevo. Se habría reído si el tema no fuera tan serio. Después siguió cronológicamente:

-Tras ellos, la galaxia sería un páramo por lo que sembraron la semilla de lo que son las razas que habitan hoy la galaxia -la imagen cambió mostrando a un humano en el que se implantaba un simbionte y a quien más tarde la plaga no afectaba-. Buscaron el mejor modo de que quienes los sucediesen fueran más fuertes y su camino fuera más seguro con respecto a ese tipo de ataques y la evolución en la que ellos estaban más avanzados.

-¿Los Goa’ulds curan la plaga? -planteó la niña anonadada ante esa revelación para luego admitir- Pero son pocos en comparación con todas las vidas que hay en la galaxia.

La nodriza contestó con naturalidad:

-Es cuestión de equilibrio, llegará un momento en que se compensen -seguidamente volvió al relato-. Así que durante mucho tiempo, aquí la vida se fue desarrollando y evolucionando… y así siguió incluso cuando volvieron los descendientes de los que se marcharon. Algunos ascendieron, otros se mezclaron entre los humanos para ayudarles a avanzar en su camino, como los padres de Nebnefer.

-Por eso yo salí como él -resolvió Noa sonriente. Y tras pensarlo un poco le dijo a Nebnefer con sinceridad-, me hubiera gustado conocer a tus padres Neb.

Sonia repuso mientras las luces volvían a parpadear:

-A ellos les habrías encantado.

No en vano, ella los había conocido. Luego retomó el hilo de la narración para que Noa no pasara demasiada vergüenza:

-Pero eran demasiado pocos para restaurar su modo de vida así que se adaptaron a los pueblos que habitaban  Tau’ri.

Un nuevo libro salió volando para acabar en manos de Noa que tras mirar el título preguntó extrañada:

-¿El Rey Arturo? -parpadeó perpleja-. Me lo has… leído muchas veces.

-Ahí se cuentan cosas -reconoció Sonia-. Ocultas en leyendas, parecido a lo que hicieron los ascendidos para prepararos respecto a los Ori,  revelan el camino a seguir para frenar su avance.

Noa miró el libro y lo abrió pasando las páginas:

-Me conozco la historia del rey Arturo porque me la has contado pero aún sabiendo ahora quienes son los Ori…no, encuentro la relación con la leyenda -admitió finalmente.

Su nodriza, que se esperaba eso ya que de otro modo aquello habría sido imposible de hacer debido al incumplimiento que habría supuesto de las ley de no intervención, le preguntó:

-¿Recuerdas la historia de Mago Merlín y la Hechicera Morgana le Fay?

Noa asintió:

-La de… mago y aprendiz envidioso.

-Esa misma -dijo Sonia ayudándola a recordar simultáneamente el ordenador aterrizaba en la cama-. Y cuando Merlín mandó a Arturo a por el Santo Grial, ella fue a por él y lo encerró para que no tuviera rival en la magia.

-Entonces, ¿Eso pasó de verdad? -quiso saber- Porque… claro, si lo piensas… para ellos los dones antiguos serían como magia.

Ella misma había dado con la solución. No podía esperar menos de la niña y sintió la alegría del joven yaciente mientras las luces daban la confirmación.

-Pero no entiendo la relación con los Ori y el Santo Grial. Aúnque fueran Antiguos Merlín y Morgana, eso habría pasado mucho después de los Ori…o ¿no?

El libro sobre el anfitrión de Atón cobró nuevo protagonismo. Se abrió por una página que mostraba una daga de hierro. Luego fue a parar encima de la Bibla violentamente entretanto la nodriza comentaba:

-El Santo Grial nunca sirvió para beber.

Ahora mismo se la estaba jugando, pero merecía la pena. Estando en aquel plano no la podrían alcanzar sin ir contra sus propios principios.

Noa, al ver lo que Nebnefer había hecho y ante el comentario de su nodriza planteó dubitativa:

-¿Era… un arma?

Sonia asintió entretanto respondía:

-Merlín la creó cuando fue consciente del peligro -se tomó unos segundos para meditar seriamente lo que iba a decir-. Sacrificó su inmortalidad para ello.

-¿Qué quieres decir? -le preguntó la niña con curiosidad.

La nodriza recurrió a la simpleza mientras Nebnefer lo explicaba gráficamente elevando el libro a lo alto para luego hacerlo bajar hasta la cama de nuevo:

-Se convirtió en alguien como nosotros.

-Oh…entonces ya… -dijo Noa dejando la frase en el aire.

Sonia le recordó con una sonrisa:

-Lo encerró.

-¿Está vivo? -inquirió la niña entusiasmada ante ese hecho para luego plantear volviendo al hilo de la conversación- pero, ¿qué arma creó para ser encerrado?

La nodriza respondió:

-Una capaz de destruir a los seres del plano superior -apretó los labios previamente a apostillar-. Lo que conllevaba quebrantar la filosofía de los Alteranos de respetar el libre albedrio.

Noa abrió mucho los ojos y cuestionó:

-¿La creó por… los Ori? -después se quedó pensativa- entonces… ¿no cree que puedan tener salvación?

Sonia repuso percibiendo la tristeza de Nebnefer:

-Ellos no son como tú o como tus ancestros Noa, porque ellos se nutren literalmente de la fe de sus adoradores… eso es lo que los vuelve más poderosos que nadie -cerró los ojos para abrirlos entretanto revelaba-. Los ascendidos os han ido preparando para que no sucumbáis… pero ellos se han adelantado.

Noa se quedó en silencio un rato pensando en lo que le habría dicho para luego asentir despacio y aunque no le gustara aquella situación demostró que la comprendería:

-No nos escucharán por más que les digamos… ¿verdad?

La nodriza negó con la cabeza previamente a decir:

-Por mucho que les pese… ha llegado el momento de detenerlos.

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Un comentario en “El Monte Ombligo XCV

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