El Monte Ombligo XCII

De tal palo, tal astilla.

 

Noa cenó con ganas y también algo de prisa que no les pasó desapercibido a ninguno y les llamó la atención de a qué venían esas ansias.  La cosa llegó a su punto álgido cuando, a la altura del postre, la vieron meterse unos pastelitos en una servilleta.

-¿A qué vienen tantas prisas Noa? -le planteó su nodriza.

-Me apetece tomarme el postre en mi habitación, ¿puedo? -le respondió en una pregunta indirecta a sus progenitores.

Fue Kate la que le dio permiso sonriendo divertida:

-Claro que sí.

Eso hizo que la joven también sonriera antes de ponerse en pie he ir a darles a cada uno un beso en la mejilla y a su padre hacerle una cariñosa caricia en la barriga antes de marcharse con un alegre:

-¡Hasta mañana!

-Uhm… qué poco me gusta esto -comentó Ra con la mirada puesta en la puerta por la cual había desaparecido Noa.

-Bah, no pasa nada -dijo restándole importancia a un comportamiento que le parecía de lo más normal en una medio adolescente-. Oye, quizás las prisas es porque ha quedado con algún chico a chatear.

-¿Cómo? -siseó Ra volviendo la cabeza lentamente hacia Kate agregando- ¡Aún es muy jóven!

Ahí Kate se echó a reír levantando las manos de forma inocente:

-¡Era una broma hombre!

Kate tuvo la suficiente intuición y rapidez a la hora de ponerse en pie para esquivar el mordisco de Ra al cual le brillaron los ojos.

-En verdad lo que ha ido a hacer es pintar, al parecer esta tarde se le ha resistido un dibujo y querrá volver a ponerse con él -intervino apaciguadora Sonia

-A qué me sonará -ironizó Ra mirando a Kate y recordando la escena en la cual ella había llegado tarde, para variar, porque se le “había resistido una nave”.

Ella resopló y replicó:

-Al menos no ha salido a mi de pequeña.

-Si bueno madre, es que tus bromas a veces eran bastante pesadas, como lo de la pasta de dientes en…  ahí Kate le tapó la boca rápidamente.

-Xhu, xhu, xhu, las travesuras vergonzosas que haces cuando eres pequeño no se van contando por ahí Ángelo.

Se pudo ver como asomaba la sonrisa por detrás de la mano de Kate y luego asintió, ella lo soltó mientras Ángelo comentaba en tono divertido:

-Está bien Madre.

A la mañana siguiente Noa, tras guardarse el dibujo ya terminado en su pantalón pasó parte de la mañana como siempre. Fue a desayunar, luego a sus clases y en ese tiempo muerto tras haber terminado con ellas y la hora de la comida, fue cuando decidió ir a visitar a Nebnefer.

Interiormente había estado durante todo el tiempo de las clases deseando que pasaran rápidamente y ahora por fin podía ir junto a él. Cuando llegaron frente a la puerta del santuario de Nebnefer Sonia se hizo a un lado diciéndole de forma amable:

-Esperaré aquí.

Noa se ruborizó y le dio un sincero gracias. Salvo la primera vez que lo habían visitado y que había estado a su lado para apoyarla las demás veces siempre la había dejado entrar sola para que tuvieran un momento de intimidad entre los dos, lo cual decía mucho de Sonia.

Noa, por lo general cuando lo visitaba siempre le contaba todas las cosas que le habían llamado la atención o le habían gustado además de ponerlo al día, ella pensaba que el saber como estaba mejorando la galaxia lo ayudaría.

Entró y se acercó a la cama saludándolo con su jovialidad de siempre:

-¡Hola Neb!

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Un comentario en “El Monte Ombligo XCII

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