El Monte Ombligo LXXXII

El amor es el elixir para el tiempo y la muerte ( película: Belleza oculta)

 

Kate se detuvo delante de la puerta del laboratorio tanto Egería como Noa y Ángelo también lo hicieron en silencio. Transcurrieron un par de minutos y fue Ángelo el que “obligó” a Kate a dar el paso que parecía no atreverse aún que este le fuera a hacer mucho bien.

-Esperaremos aquí mientras se lo explicas -le dijo de forma serena mientras Noa asentía para luego sonreír.

Kate valoró mucho el gesto que tuvieron los dos, sobre todo por parte de Noa la cual sabía que estaba deseosa de conocer a su padre.

-Vamos -la animó Egería por su parte y ella asintió para luego entrar en el laboratorio.

Vio a Nirrti , Selket y a Sejmet pero rápidamente su mirada se quedó clavada en Ra, el cual estaba al lado de un plato de comida ya vacío, este volvió la cabeza en su dirección y cuando sus miradas se cruzaron fue como si los dos se quedaran congelados por un momento.

-¡Kate! -la llamó él para luego deslizarse rápidamente por la mesa, ella también salvó la distancia que la separaba de esta.

Ra dio un salto, a cualquiera podría haberle parecido una locura aquello porque de caer podría hacerse daño pero no fue eso lo que sucedió, sino que fue recogido por las manos de Kate con cariño.

-Ra -lo llamó emocionada mientras lo ponía a la altura de su cara, podría ser impensable para cualquier anfitrión que lo hubiera sido a la fuerza hacer aquello, ponerse en bandeja ante un posible huésped pero Kate, a parte de tener tal confianza en él como para superar ese trauma, no lo veía como un Goa’uld, lo veía como Ra.

Le dio un pequeño beso en el hocico y luego apoyó su frente contra su cabeza mientras él enroscaba parte de su cuerpo a su muñeca en una muestra de profundo afecto también. Se quedaron un momento en aquella posición con los ojos cerrados y en un reencuentro en el que sobraban las palabras por un lado y por otro Kate al menos no habría sido capaz de decir nada por la emoción.

Finalmente el momento llegó a su fin y Kate lo separó lentamente mientras volvía a abrir los ojos. Tampoco lo alejó mucho mientras le decía:

-Hay dos personas que también quieren verte.

-Me han hablado de hijos -dijo con cierto escepticismo que Kate comprendió perfectamente, ya que sus últimos recuerdos no los incluían.

-Si… -empezó sin saber muy bien como explicárselo, decidió empezar por Noa que era la más “fácil de explicar”- Está la niña, Noa y luego está… Ángelo, que es un Goa’uld.

-¿Noa? ¿Kebechet no la… mató? -preguntó extrañado.

Kate negó con la cabeza para explicarle:

-No, vio que le sería más fácil controlar a los Tau’ris si veían en ella una persona maternal.

-Kebechet… maternal -dijo incrédulo-. Y en Tau’ri lo creerían.

-Sois muy buenos actores -admitió Kate muy de acuerdo con él con respecto a Kebechet.

-En aspectos como ese no me enorgullezco.

-En este caso fue un mal que evitó que Noa muriera y que aún siendo una mentira, creciera sana y aprendiendo unos ideales que tiene muy claros.

-Eso más bien es un milagro.

-Tuvo una nodriza que la ayudó a ir por ese camino además de protegerla de Kebechet ya que… Noa tiene los dones antiguos -quería decírselo para que no le cogiera por sorpresa el darse cuenta de ese hecho con algo que dijera esta última ya que para ella eran de lo más natural y los usaba con todo el mundo.

-¿Los dones antiguos? -preguntó antes de decir como si pensara en voz alta- Nebnefer.

Kate asintió antes de comentar:

-Él también aprendió a usarlos.

-¿Cómo fue eso? -planteó entre extrañado y curioso.

-Tras tu… muerte… a él lo encerró en una cueva, allí fue donde los dominó.

-Resulta impresionante.

-Sí… sobretodo porque se infiltró en el palacio de Kebechet para robarle información que la delataría delante de todos y destruiría su mentira.

-¿Eso hizo? -preguntó realmente impresionado- Y por lo visto funcionó.

-Hizo más, se enfrentó a Kebechet y la encerró dentro de mi, ella no podía hacer nada y luego… -apretó los labios recordando el gran gesto que había tenido su mejor amigo- mataron a Ángelo… y el los revivió, a él y a su anfitrión…

-Eso suena muy propio de él -admitió sin salir de su asombro.

-Sí, pero le costó caro… usó toda su energía en ello quedándose en coma y cuando lo llevamos al sarcófago… vimos que Kebechet al extraerte… había causado daños.

Kate quería contárselo todo, no deseaba que se llevara ninguna mala sorpresa además de que tenía claro que Ra querría ver a Nebnefer tarde o temprano.

-Los daños cerebrales -gruñó- Yo no… no pude evitarlos.

-Lo sé -le dijo Kate con cariño-, lo que hizo es innombrable -agregó en referencia a Kebechet.

-Aunque tampoco se podía esperar nada bueno si nos atenemos a sus antecedentes -dijo Ra molesto con ella- Su padre… hizo cosas parecidas.

Kate se quedó un momento en silencio buscando las palabras para luego empezar despacio:

-Ra yo… también hice algo… -se estremeció levemente al recordarlo- no quería que Kebechet… trajera al mundo a más como ella por eso intenté que las larvas supieran la verdad… Ángelo es el resultado de ese deseo… su memoria genética es la mía y la… tuya…

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Un comentario en “El Monte Ombligo LXXXII

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