El Monte Ombligo LVIII

A veces son tan importantes los pasos que damos hacia una meta como el hecho de conseguirla.

-Es lo justo, la muerte quizás era un castigo demasiado suave para ella -valoró Ángelo cruzándose de brazos, le gustaba el plan que había tenido Nebnefer, ahora Kebechet sería una parte más del mobiliario y no le quedaría otra que ver como arreglarían todo el mal que había causado. Con los años o los siglos todo volvería a su cauce normal y ella no será nada más que un recuerdo lejano, se la olvidaría.

-Pero…¿se puede hacer eso estando en coma? -preguntó Noa confundida.

-Eso es lo que parece -comentó Atón y fue Sonia la que dio una explicación más detallada:

-Es como si estuviera en una zona intermedia, entre la Ascensión y nuestro plano.

“Un zona intermedia” repitió mentalmente Ángelo, por su mente cruzó la imagen de un bar pero de mesas y paredes de madera con una cálida chimenea encendida y un ambiente muy relajado.

“Cómo se te ha pasado eso por la cabeza?” le planteó divertido Samuel, le había hecho gracia que se hubiera imaginado la zona intermedia de tal manera.

“No tengo ni idea…” admitió Ángelo apartando esa imagen de su cabeza mientras escuchaba a Noa seguir preguntando:

-¿Y eso significa que sabe lo que está pasando aquí? ¿Por qué no vuelve entonces? –

-Por el daño cerebral -respondió Sonia- En realidad no se ha ido.

– Si se hubiera ido… no estaría haciendo esto -valoró Atón.

Noa se quedó callada pensando para si ” pero tampoco está aquí, aquí…” pero si entendió lo que le querían decir, el que Neb hubiera hecho aquello sólo significaba que tarde o temprano volvería y eso era lo más importante. Tenía muchas cosas que agradecerle.

Fue entonces cuando su curiosidad ya no pudo ser por más tiempo retenida y miró a los demás con genuino interés, claro que los había estado observando todo el tiempo pero no los conocía, ninguno de ellos se había pasado por el palacio de Kebechet, cosa muy lógica visto ahora.

Se ruborizó y les dijo:

-No… me sonáis ninguno.

-Que alguien saque el árbol familiar -bromeó Baal pero Yu no se quedó atrás al seguirle el juego diciendo:

-Tiene más pinta de arbusto.

“Ah…ahí viene…” pensó para si Ángelo conociendo muy bien a Noa. Esta se sorprendió al principio antes de preguntar emocionada:

-¿Tantos son? –

-Bastet y Baal también son tus hermanos -le reveló Atón y eso hizo mirarlos con aún mayor curiosidad si cabía.

-Yo soy la abuela de Atón y Bastet, Egeria -todos sabían que Kate ya había pronunciado su nombre antes pero también era su forma de presentarse a Noa, a la cual ya había caído bien desde el primer momento. Quizás físicamente no pero tal y como se había comportado con Kate y los sentimientos que Noa recibía valoró que si se parecía a una abuela de las majas.

– Tengo una madre distinta, la mía no era tan divertida -bromeó Baal recibiendo un aviso a base de gruñido por parte de Bastet:

-Contente, es demasiado joven.

Pero Noa ya se encontraba en un estado casi de éxtasis al ver a tanta familia y no se centró mucho en lo último que comentó Baal. Era normal su entusiasmo ya que, deseando siempre una familia, ver que realmente si la tenía, eso para ella era como un deseo cumplido.

Le brillaron los ojos antes de preguntar:

-¿Hay más familia?

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Un comentario en “El Monte Ombligo LVIII

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