El Monte Ombligo LVII

Ningún hombre es lo bastante bueno para gobernar a otro sin su consentimiento. (Abraham Lincoln) 

La petición de Kate pudo ser satisfecha pronto. Apenas pasaron unas horas antes de que Egeria y unos cuantos de sus hijos se personaran en la Ha’tak de Atón. No fueron los únicos, dado que la voz había corrido y el Señor del Sistema se vio en la circunstancia de organizar una especie de Consejo en la Ha’tak, para el cual adaptaron la Sala del Trono.

Acudieron, además de Egeria y Nirrti, Yu, Olokhum, Baal, Bastet y Kali. Y Atón, que acompañaba Ángelo, Kate, Noa y Sonia, ya estaba preparado para lo que iba a para lo que iba a pasar.

Que fue ni más ni menos que Nirrti lo hiciera volar por los aires hasta hacerlo estrellarse contra una de las columnas. Los guardias, empezando por el primado, se pusieron en alerta apuntando a la Señora del Sistema con las lanzaderas simultáneamente Atón suavizaba el golpe con sus manos y sus pies.

-¡¿Cómo has podido permitir que pase?! -le reprochó Nirrti mientras sus ojos brillaban.

Atón hizo una señal a los guardias que bajaran las armas entretanto sonreía y replicaba:

-No sabía que eso iba a pasar.

-¡¿Qué clase de vidente eres?! -siseó la Señora del Sistema.

Baal se permitió bromear:

-Y eso estando en coma… imagínate si estuviera muerto.

Se ganó una mirada censuradora por parte de los demás Señores del Sistema, exceptuando al propio Atón que comentó:

-No lo veo todo Nirrti -se acercó a ella-. Lo suponía en la barriada…

La aludida bufó alzando la mano en la que llevaba el Kara’Kesh:

-Como si no lo conocieras.

Entones Egeria intervino apaciguadora aproximándose a Kate:

-Nunca se conoce del todo a nadie -luego se dirigió a la joven-. Bienvenida de nuevo Kate.

Esta, que había observado en silencio y nada sorprendida la actuación de Nirrti, para luego mirar a Egeria y decirle con una pequeña sonrisa:

-Gracias Egeria.

La Señora del Sistema la abrazó con ternura y le preguntó:

-¿Cómo te encuentras?

Eso la reconfortó, según pudieron por cómo le correspondió al abrazo mientras comentó agradecida por su preocupación:

-Bien… dentro de lo que cabe.

Se podía entender que se refería más aspectos aparte  de ella misma. También tenía presente a la situación en la que se encontraba todo, los dominios de Ra en guerra y por supuesto el coma de Nebnefer.

-Arreglaremos todo esto -le aseguró Egeria.

Luego se apartó para darle su momento a Olokhum que le dijo a Kate rotundo:

-A mí puedes decirme la verdad Kate.

La aludida asintió segura de las palabras de Egeria. En cambio, el comentario del Señor del Sistema le provocó una sonrisa que mantuvo mientras contestaba:

-Yo también me alegro de verte Kum.

-Porque puedo ayudarle a Nirrti con Atón si es preciso -le propuso Olokhum. Lo decía completamente en serio.

“Vaya, me siento chivo expiatorio” meditó Atón irónico. Todo el mundo pretendía que su muerte arreglaría los errores que pudiera haber cometido.

-No, no -dijo ella levantando las manos divertida- No creo que se merezca tanto,  aunque hubiera visto lo que sucedería ahora, no ha sido lo que ha pasado en el presente lo que mantiene a Nebnefer en el coma

Olokhum sonrió previamente a gruñir en dirección a Atón:

-Por esta te libras.

-Yo no estoy tan segura -rezongó Nirrti.

Baal comentó divertido:

-Si al final tendremos doble espectáculo.

-Atón no es culpable del estado de Nebnefer -opinó Kali que era secundada con un asentimiento de Bastet-. De hecho lo está cuidando de la mejor manera posible.

Yu añadió observando a Kate pero obviamente refiriéndose a la criminal:

-Todos sabemos quién es la culpable de esto.

-Kebechet -bufó Bastet.

Egeria volvió a aproximarse a la joven y le tendió su mano entretanto planteaba:

-¿Estás lista?

-Más que eso -admitió Kate cogiéndole la mano.

Todos la entendieron. Porque cuando eran falsos dioses percibieron el rechazo de sus anfitriones a los que reprimían. Y ahora… con todos aquellos actos a sus espaldas, era normal querer marcar las distancias.

Atón, sensible a lo que aquella escena pudiera suponer para los que Kebechet había significado algo, les preguntó con delicadeza a Ángelo y Noa:

-¿Seguro que queréis ver esto?

Eliminar por un lado a quien quisiste como tu madre y a quien condicionó tu destino desde tu nacimiento no tenía una pinta muy agradable.

-Quizás no deberías verlo Noa -le indicó Ángelo a Noa.

Ella negaría levemente con la cabeza para replicar segura pero con gesto serio:

-Me quedo.

“Muy madura” pensó Ajenatón mientras madre e hija se acercaba al artefacto. Egeria advirtió mientras los agentes de la Tok’Ra ataban a la joven a la pared:

-No va a ser agradable.

-Hemos visto cosas peores -afirmó Olokhum.

Baal apostilló:

-Y algunos tenemos una cita.

-No era por vosotros -les reprendió Egeria suavemente mientras miraba a Kate-. Te va a doler, pero pasará rápido.

Kate asintió ante las palabras de Egeria para luego mirar con cariño a Noa y le comentó:

-Preferiría que no lo vieras Noa, se por qué lo haces y te lo agradezco pero estaré bien.

La niña hizo un pequeño mohín y luego pondría los brazos en jarra cediendo:

-Está bien, no lo veré.

-Yo te acompañaré -le dijo su nodriza a Noa.

En cuanto las dos dejaron la Sala del Trono, el aparato se pudo en marcha acercándose con su larga aguja extractora a Kate. Una luz azul salía de la aguja que señalaba el ceño en el que se clavó. La joven mordió los dientes con fuerzas mientras el simbionte era extraído a través de la aguja. Finalmente, cuando terminó la extracción, el aparató se alejó y ella se quedó inconsciente.

-El sarcófago, en seguida -instó Egeria a su hijos.

Ellos se encargaron de soltar las ataduras y llevarse a Kate al cercano al sarcófago. Sin decir nada, Olokhum los siguió.

Egeria cogió solemnemente el recipiente luminoso que contenía a Kebechet y enunció dejando que todos los vieran:

-Y aquí está. La hija de Anubis, destructora de mundos, quebrantadora de alianzas y falsa divinidad -hizo una pausa- ¿Quiere alguien decir algo en su favor?

Nadie abrió la boca. Todos los pensamientos estaban centrados en su desaparición. La causa de tantas desgracias y dolor estaba allí encerrada. Parecía mentira que algo así pudiera ser pernicioso, pero todos había sido testigo de todos los actos que había llevado a cabo.

Un par de guardias trajeron un bajo brasero ardiente. Egeria dedicó una última mirada al recipiente previamente a dejarlo caer.

Sin embargo, ocurrió algo extraño. La gravedad no hizo su efecto. El recipiente luminoso se quedó ahí flotando y sin moverse por encima del brasero.

-¿Qué demonios…? -preguntó Baal- ¿Es que necesita más ayuda?

Él mismo intentó cogerlo, lo cual pudo hacer. Mas le fue imposible moverlo de esa posición.

Atón ató cabos y salió a la carrera para ir fuera de la Sala del Trono. Se topó con unas sorprendidas Noa y Sonia. La primera cuestionó:

-¿Ya está? ¿Cómo está Ma?

-La han llevado al sarcófago -le dijo para luego preguntar perplejo- ¿Habéis hecho algo?

La nodriza inquirió:

-¿Algo como…? -vio a qué se refería y su asombro aumentó- No he sido yo… ¿Noa?

Esta parpadeó y replicó:

-Yo no he hecho nada -también ella se topó con la escena- ¿Cómo ha pasado eso?

Atón las dejó entrar para que vieran la extraña imagen directamente. El recipiente que contenía a la criminal seguía levitando.

Súbitamente  se percató de que no había preguntado a todos los que podían hacer eso que estuvieran en la Ha’tak. Había alguien más con esas capacidades… alguien que de algún modo sabía lo que estaba aconteciendo y lo había interrumpido.

-Nebnefer -musitó.

¿Por qué haría eso? Él, que había sufrido más que nadie sus atrocidades… ¿por qué le perdonaría la vida?

Como respondiendo a esas cuestiones, uno de los arcones traídos por la Tok’Ra se abrió y el recipiente luminoso se metió en mismo. La tapa se cerró después.

-Creo que entiendo lo que quiere -declaró Sonia-. Quiere que ella viva como lo hizo él, viendo cómo todo lo que ella construyó se destruye.

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Fuentes:

Vídeo: Youtube: https://youtu.be/oexUt_T0Jn0

Cita: nomastedio.com: http://www.nomastedio.com/citas_celebres.html

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Un comentario en “El Monte Ombligo LVII

  1. Pingback: El Monte Ombligo LVIII | Anuska Martínez

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