El Monte Ombligo LVI

No es la carne y la sangre, sino el corazón, lo que nos hace padres e hijos. (Friedrich Schiller)

 

Las palabras de Atón dejaron anonadado a Ángelo el cual elevó las dos cejas y pestañeó un par de veces como muestra de la gran sorpresa que se había llevado.

“¿Yo?” pensó aún dentro de la su sorpresa para luego fruncir el ceño y pensar seriamente en lo que le estaba diciendo Atón, que no era moco de pavo. Le estaba proponiendo que se ocupara de los dominios de su padre, esa era una responsabilidad enorme, millones de vidas a su cargo y que además habían sufrido lo indecible por culpa de la usurpadora. Mundos enteros que requerían de casi reconstruirlos desde los cimientos.

Y luego estaba el hecho de que una parte de él lo hacía sentir también un usurpador, aquellos eran los dominios de su padre, de Ra. Y aunque este estuviera muerto no podía evitar sentir que no quería sustituirlo en ninguno de los aspectos. Sí que deseaba alcanzarlo pero como persona, jamás reemplazarlo.

“No vas a hacer eso Ángelo, además se lo debemos” le dijo Samuel con delicadeza sabiendo que él tenía esos puntos muy marcados ya que no se quería parecer en nada a Kebechet y lo que esta representaba de su raza.

Ángelo comprendió perfectamente a qué se refería su anfitrión con sus palabras. Atón y los miembros del Consejo ya los estaban ayudando muchísimo, tanto en Tau’ri como en los demás planetas.

Cerró los ojos, no se les podía pedir más, ellos tenían a su propia gente a la que cuidar, no podían estar atentos todo el tiempo también de los dominios de Ra. Como Atón había dicho ahora había un vacío de poder enorme y no dudaba lo más mínimo que los consortes se aprovecharían de él.

“Eso no puede suceder” pensó para si volviendo a abrir los ojos lentamente, por encima de su cadáver aquellas buenas personas, Kate, Noa o Nebnefer sufrirían más.

-Lo haré -comentó finalmente tras el silencio en el que se había sumergido- pero aunque de cara a la galería y para alejar a cualquier consorte o señor del sistema de los dominios de padre parezca que los estoy reclamando para mi siguen siendo los dominios de él -agregó queriendo dejar muy claro aquel punto.

-Por supuesto, por eso pensé en que te presentaras como el hijo de Kate y nuestro padre. Así ellos comprenderán. -le respondió Atón.

-¿Y eso no les creará suspicacias? Saben lo suficiente de los Dioses como para saber de dónde vienen y por la edad de mi anfitrión no puedo decir que soy el hijo humano -comentó Ángelo muy sabedor de que si Atón y cía se habían sorprendido al saber quienes eran sus padres verdaderos no tenía ni idea de como podrían reaccionar los demás.

– Ellos sabrán que eres un dios -dijo antes de añadir divertido-. Mi pedigrí sí que crearía suspicacias.

“Jajajaja, su pedigrí dice, qué cachondo” se rió divertido el anfitrión de Ángelo ante aquella broma que si captó porque sabía quien había sido su madre, Hathor.

-Está bien, se lo diré -cedió confiando en él, si Atón creía que eso sería bueno no tenía ningún motivo para creer lo contrario, sabía que era alguien de fiar y que además lo estaba demostrando a cada paso que daba.

-Yo… -intervino entonces en la conversación Kate de forma pausada y todos la miraron- me gustaría pedirte un favor Atón.

Atón asintió y contestó socarrón y con una sonrisa:

-Lo que desees. Pero mi sacrificio ya se lo habrá pedido Nirrti.

Eso logró arrancarle una pequeña sonrisa a Kate que sabía que lo decía por el estado de Nebnefer y lo mucho que lo apreciaba. No se había olvidado de aquel encontronazo que habían tenido las dos porque Kate se había vuelto a la tierra con sus padres.

“Parece que han pasado eones desde ese día…” pensó ella en el fondo con añoranza incluso de aquel tenso momento, no le importaría nada dar a las manillas del reloj para atrás incluso para acabar en esa situación.

-Me gustaría que en cuanto se pudiera me extrajerais a Kebechet -dijo de forma pausada y la nombró a propósito, en parte para dejarle claro a esta que aún le plantaba cara y que no evitaría decir su nombre por todas las atrocidades que había cometido. Por otro lado tampoco deseaba que estuviera en su cuerpo ni un segundo más, claro que hasta el momento habían habido cosas mucho más apremiantes que aquellas pero ahora que se empezaban a esbozar los planes a corto y medio plazo quiso dejar claro su deseo.

Anterior

Anuncios

Un comentario en “El Monte Ombligo LVI

  1. Pingback: El Monte Ombligo LVII | Anuska Martínez

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s