El Monte Ombligo L

Lo importante es morir con dignidad. La muerte puede ser suave, serena. Incluso hermosa. Si abandonamos esta vida con dignidad, ¿Por qué hemos de lamentarnos? (Los enanos de la muerte 1988)

 

Ángelo comenzó a notar como el dolor, el cansancio y hasta las ganas de luchar eran barridas por la tranquilidad y la quietud, todo dejó de cobrar importancia y él también se relajó, aquella era una batalla contra la que no podía luchar, la muerte siempre era, en la mayoría de los casos, la única vencedora.

Estaba tranquilo en sus últimos momentos, en su corta vida creía haber hecho todo lo posible por ayudar y mejorar las cosas, ciertamente hubiera deseado tener más tiempo, ver como evolucionaban las cosas, conocer más a Kate, ahora que la habían recuperado, ayudar a que los dominios de su padre pudieran volver a ser lo que antaño fueron… pero, dentro de todo eso, si había llegado su hora, se iba en paz.

Mas fue en ese momento cuando una voz penetró en la oscuridad en la que se encontraba sumergido. Al principio fue un eco lejano que pensó que había sido una ilusión suya para luego ir tomando fuerza.

Alguien lo estaba llamando, ¿acaso era eso posible?, era una voz masculina, no creía que su padre fuera a llamarlo desde la otra vida, ¿o quizás sí?

“Ángelo” escuchó en un momento dado y con suma claridad y supo perfectamente quien era.

“¿Nebnefer?” preguntó pasmado, era imposible que él estuviera allí, ¿había salido algo mal? ¿Los habrían alcanzado?

Pero pasó todo lo contrario, fue como si su mente o alma regresara de vuelta a su cuerpo, empezó a tener conciencia de este y volvió todo lo demás. También sintió a Samuel lo cual lo alegró y tranquilizó a partes igual.

La inconsciencia lo fue abandonando al igual que la garra de la muerte que lo soltó a regañadientes por haber perdido a sus presas.

“Samuel, ¿estás bien?” le preguntó a su anfitrión el cual estaba tan sorprendido como él.

“Extrañamente bien” fue su respuesta.

Cuando Ángelo sintió que ya podía moverse abrió los ojos y lo primero que vio fue el techo de su nave, cuando se incorporó un poco sus ojos se clavaron en Nebnefer, vio que tenía un aspecto muchísimo más desmejorado y estaba pálido.

-Nebnefer… -susurró al momento sabiendo el motivo por el cual se encontraba en ese estado: ellos.

Había superado sus límites con creces al salvarlos, Nebnefer le regaló una sonrisa cansada antes de desplomarse.

-¡Neb! -lo llamó Kate preocupada la cual evitó que su cuerpo se golpeara contra el suelo, ya que él estaba de rodillas al lado de Ángelo.

Kate le golpeó suavemente la cara intentando despertarlo.

-No despertará Kate, su cuerpo está agotado -le dijo Ángelo a esta mientras se ponía en pie-, dormirá hasta que se recupere.

Vio como ella miraba a Nebnefer frunciendo el ceño con preocupación y fue entonces cuando se escuchó una explosión lejana que hizo temblar la nave devolviendo a Ángelo a la realidad del momento.

-Tenemos que irnos -le dijo a Kate y sopesó que lo mejor ahora era dejar su nave allí e irse en la de ellos, que era donde se encontraba en la silla-, vamos.

Kate cogió con sumo cariño a Neb en brazos y los dos abandonaron la nave para ir a la Mandyet.

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Un comentario en “El Monte Ombligo L

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