El Monte Ombligo XXII

Llegará un día que nuestros recuerdos serán nuestra riqueza. (Paul Géraldy)

-Yo podría… hablarte de él -se ofreció el joven tímidamente-, intentar responder a tus… preguntas.

Noa cuestionó ilusionada:

-¿Sí?

-Yo sé… lo que es perder a la familia -contestó él.

Perder a su familia en más de una ocasión como él, no lo hacía inmune o impermeable. Podía entender perfectamente el desasosiego de ella.

Ella se sonrojó mientras contestaba:

-Me gustaría mucho.

-Así su recuerdo vivirá en ambos -resolvió tranquilamente su nodriza.

Sí, tendrían que conformarse con eso. Eso sería lo que les daría fuerzas para afrontar un mundo con él ausente. No sabía cómo todavía, pero harían pervivir su legado. Mientras ellos estuvieran vivos no estarían muerto del todo.

Suspiró antes de formular su humilde deseo:

-No quiero… hacerte daño.

-No serías tú el que me lo haría -fue la rotunda respuesta de la joven.

Él unió ambas manos y preguntó:

-¿Qué quieres saber?

Noa apretó los labios y se quedó callada un rato bastante largo. En su madre eso solía implicar preocupación a decir de Ra. A cada minuto que pasaba más le recordaba a ella o a su mejor amigo y con razón. Aprendería a vivir con aquella tortura… pues sería una bastante dulce.

Sólo debía cuidar que no la destruyeran. Ella ya corría mucho riesgo con todos aquellos conocimientos. Si el monstruo se enteraba de aquello no se quedaría de brazos cruzados, actuaría cruelmente; si en algo era experto era en el arte de destruir todo de la forma más dolora posible.

-Mu…. muchas cosas -contestó Noa llevándose la mano a la nuca-. Quisiera… saberlo todo.

Su nodriza le comentó sosegadora:

-Algunas ya las intuyes.

-Puede… -dijo poco convencida previamente a preguntar para asegurarse- ¿Mi padre… era buena persona?

Normal que se lo preguntara después de desenmascarar a la criminal que se había hecho pasar por su madre.

El joven asintió muy convencido previamente a replicar:

-Él era auténtico.

-¿Qué quieres… decir? -planteó Noa.

El antiguo anfitrión procedió a explicarle con una sonrisa:

-Durante mucho tiempo… el fue un falso dios despiadado con su existencia centrada en la supervivencia y la lucha en la que sólo ganaba el más fuerte por lo que no había dejar entrever ninguna debilidad.

-Y… ¿qué cambió? -demandó saber la joven.

Él le contestó emocionado al evocar aquellas vivencias que inauguró la mejor de las vidas que él pudiera aspirar a tener:

-Entonces… me descubrió… vio que los dos sentíamos el mismo dolor… -hizo una pausa-. Y a partir de entonces buscó no sólo aliviar el sufrimiento… sino evitarlos en el futuro.

-Fue un cambio de 180º -admitió Noa.

El joven contestó:

-Yo… creo que fue de 360º, porque descubrió que la gente satisfecha contigo es más fiel y hará lo que quieras.

La nodriza estimó:

-Es lo lógico.

-¿Y cómo se satisface a la gente? -cuestionó él retóricamente-. Dándole lo que necesita… una vida digna que la lleve a la felicidad.

Noa no tardó mucho, en parte también debido a sus recuerdos, en comprender lo que le quería mostrar con esa palabras. Abrió la boca para decir algo, pero luego la cerró rápidamente.

-Buscó aplicar lo mismo en Tau’ri -indicó el joven-, pero su control era discreto… pero entonces…

No pudo acabar, le podía la congoja. Ella lo hizo por él:

-Llegó ella.

Él tragó saliva. Le costaba hablar debido a que los recuerdos, tan frescos como si hubieran acontecido el día anterior, surcaban su mente atravesando su propio ib que en coligación con sus pulmones se negaba a trabajar:

-Ella… lo sometió añadiendo algo a la forma… habitual… amenazó con matarte -consiguió aspirar una bocanada de aire-, y así tomó las riendas de Tau’ri e hizo lo que quiso…

Noa murmuró conmocionada:

-Lo… lo hizo por mi… ¿qué crees que pensaría de mi? -tras deslizar su mirada hacia su nodriza y luego de nuevo de vuelta a él- ¿cómo era?

Esa fue la pregunta más fácil de responder de todas las que le había hecho, además sirvió para liberarlo de la repentina tensión que soportaba:

-Estaría muy orgulloso de ti… Aunque fuera muy serio y estricto… te querría cada día más… -se permitió bromear-. Sólo le habrías podido acusar de sobreprotector… era así con todos a quienes quería.

Fuente:

Cita: http://www.proverbia.net/citasautor.asp?autor=409

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Un comentario en “El Monte Ombligo XXII

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