La Luz de Ra XVII

Continuamos con La Luz de Ra.

Un juego como medio de enseñanza, un juego como vía de aprendizaje.

Aviso: Mención explícita al sexo.

-Podría… enseñarte -le ofreció Hécate tímidamente antes de morderse el labio inferior.

El joven pestañeó e inquirió interesado sonrojándose:

-¿Sí?

Ella asintió antes de responder:

-Sólo… necesito mi ordenador y conexión con los… servidores del juego.

“¿Con los servidores de Tau’ri?” se preguntó el anfitrión. Era una limitación, el sistema de los dominios de Ra era independiente del de Tau’ri, para beneficio de todos. Así en Tau’ri no se enteraban directamente sobre sus actividades aparte de los informes que pudieran mandar los soldados.

-Puedes venir a la… Ha’tak -le comentó Hécate pensativa-. O puedo traerlo aquí… pero…

Nebnefer terminó por ella:

-Necesitas conexión con los servidores.

Ella se limitó a asentir y él apretó los labios. Los dominios del Supremo Señor del Sistema eran su hogar, allí donde había vuelto a sentirse seguro. Aunque fuera invitado a una nave, las reservas lo instaban a no lanzarse. No por Hécate o Kate, simplemente no quería caer en una trampa que los perjudicara a todos.

“Puedo arreglarlo” le dijo su mejor amigo tras unos minutos de reflexión. Sólo necesitaré mi ordenador.

-Ra podría… arreglarlo -le dijo a Hécate.

Esta asintió y decidió levantándose:

-Entonces… iré a por el ordenador.

Uno de los guardias la acompañó a la plataforma de los anillos más cercana. Mientras tanto, no sin cierto alivio, el joven le cedió el control a su mejor amigo que se puso en pié después de abrir los ojos que brillaron. Acto seguido le solicitó a Hekaneheh:

-Necesitaré mi ordenador.

-Sí Señor -contestó el primado solemnemente previamente a retirarse.

Después el Supremo Señor del Sistema abandonó el comedor y dirigió sus pasos al dormitorio. Ante la extrañeza manifiesta de Nebnefer, Ra declaró simplemente pero con una intención que lo avergonzó:

-Así estaréis más cómodos, pero no lo tomes por costumbre.

Se refería claramente a su tendencia a pretender llevarse el trabajo pendiente a la cama, lo cual no era nada bueno. Sin embargo, aquello no entraba dentro del rango de trabajo y por ello lo estaba dejando hacer.

Sin embargo, el Supremo Señor del Sistema no daba puntada sin hilo. Buscaba su felicidad y más cuando auguraba diversión para él. Le retaba el puenteo del sistema para acceder a los servidores de Tau’ri, pero también tenía otras intenciones que no iba a desaprovechar.

El guerrero le trajo lo solicitado y, sentándose en la orilla del lecho, él deslizó rápidamente los dedos por la pantalla táctil que cambiaba según su voluntad. Conectado con el sistema de sus dominios, debía conectarlo con Tau’ri, lo cual era un atentad contra las grandes empresas de telecomunicaciones. A Ra poco le importaba esto, sobre todo porque según lo entendía, ya debían darse cuenta de que aquellos servicios eran tan básicos que esas empresas debieran buscar los beneficios de otro modo.

Un leve movimiento lo hizo alzar la cabeza y descubrió a Hécate en la entrada. La invitó a pasar con tranquilidad:

-Adelante, no tardaré mucho -luego se dirigió a su séquito, tanto guardias como niños y adolescentes-. Dejadnos solos.

Ellos se marcharon entre silenciosas reverencias. Ya no quedaba nadie para cuando Hécate llegó hasta él. La invitó a sentarse a su lado y dejando su ordenador a un lado le pidió el suyo con una mano en un tono jocoso:

-Un último detalle, prometo no tocar el porno de Kate.

Ella enrojeció, en una vergüenza compartida con Nebnefer. Le habría gustado sabe cómo habría actuado el Azote de los Goa’ulds y estaba convencido de que o tardaría mucho en saberlo.

Hécate le cedió el ordenador y Ra se centró en él. El sistema había evolucionado bastante, lo cual situaba a los Tau’ris como buenos alumnos. Poco les faltaba para llegar al desarrollo que su raza consiguiera antes de su caída.

La ventaja de ello fue que conectar el ordenador al sistema no fue nada difícil, en realidad todo aquello era un juego para niños y lamentó que no hubiera tenido algún punto más de dificultad.

-¿Cuál es el juego? -le preguntó. Ahí había más de uno.

Ella señaló uno de los iconos que adornaban la pantalla principal.

-Veamos… -murmuró. Si no funcionaba, el propio ordenador diría que no había conexión. Dudaba que fuera a pasar, igualmente estaba seguro de que aquella era la prueba más rápida.

Simplemente pulsó el icono y dejó que se abriera la ventana. En cuanto lo hizo, el juego solicitó un usuario y una contraseña.

-Bueno, ya está -sentenció Ra-. Mi trabajo está hecho.

-Gra… gracias -le dijo Hécate quien ya había recuperado su color original.

Nebnefer la secundó y él se limitó a asentir. A continuación le cedió al control al joven cerrando los ojos. Este lo tomó y se notó desde el primer momento pues lo delató un ligero temblor de las manos con las que agarraba el ordenador.

Abrió los ojos y tras mirar la ventana se volvió hacia Hécate y preguntó nervioso debido a la excitación:

-¿Qué… qué tengo que hacer?

Ella le empezó a dar instrucciones:

-Bien, lo primero es registrarte: te buscas un nick, le pones una contraseña y les das un correo electrónico.

Eso fue fácil. Sólo tuvo que seguir las indicaciones. Fueron un poco latosas, pero consiguió terminar el registro con éxito.

Súbitamente la ventana cambió. Primero apareció un Tau’ri, pero a su izquierda se hicieron visibles otras criaturas extrañas que no conocía. Escogió al conocido para probar y se centró en el siguiente paso algo desconcertante.

-¿Especializaciones? -planteó Nebnefer sin comprender.

Hécate le aclaró:

-Sí, un guerrero es como los antiguos guerreros humanos con su arma y su escudo, por el otro lado está el mago que lanza magias con su varita, el druida se transforma en varios animales…

“No soy un guerrero” pensó el joven. Ra le preguntó con el objetivo de ayudarle “¿Un mago?”. Tal vez eso encajara con su personalidad, pues sus palabras habían sido su único modo de hacer que las cosas sucedieran.

Por ello optó por el mago diciendo:

-Ya está.

Ella sonrió y le comentó:

-Te pega.

-¿Tú crees? -inquirió mientras el rubor regresaba a su rostro. En realidad nunca lo había abandonado.

Hécate asintió muy segura. A continuación se reclinó ligeramente para revelarle:

-Ahora puedes cambiar la apariencia de tu personaje.

Este lució segundos después una túnica blanca y azul. Un estilo que le recordó a uno de los muchos atuendos del Supremo Señor del Sistema. Parte de su mejor amigo también estaría presente en el juego.

Después ella continuó:

-Uno de los poderes más representativos del mago es que es el único que puede abrir portales a las otras ciudades y lugares del mundo además de otro mundo.

-Como los Sebaw ny esbau -valoró él intentando establecer una conexión con su propia realidad para comprenderlo; uno se podía tomar aquello de muchas formas-. Y… el espejo.

Ella inclinó la cabeza afirmativamente antes de responder:

-Eso mismo -inmediatamente después quiso saber- Y qué raza serás.

Nebnefer repuso con cierta lógica:

-Tau’ri… es lo más aproximado. No conozco a los otros.

-Tienes sus descripciones ahí por si estéticamente te llama otro -le dijo Hécate-, si no escoge el humano.

Tras un momento de vacilación, el joven decidió mantenerse en su decisión:

-Empezaré… por Tau’ri.

Descripción basada en el juego World of Warcraft

Relacionado con: Parte I, Parte II, Parte III, Parte IV, Parte V, Parte VI, Parte VII,Parte VIII, Parte IX, Parte X, Parte XI, Parte XII, Parte XIII, Parte XIV, Parte XV, Parte XVI

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Un comentario en “La Luz de Ra XVII

  1. Pingback: La Luz de Ra XVIII | Anuska Martínez

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