La Luz de Ra XII

Continuamos con La Luz de Ra.

Busca lo que te hace único y compártelo.

Ra enseguida ocupó su lugar recuperando todas sus atribuciones sin que se notara para nada el cambio. A fin de cuentas, Nebnefer había interpretado su papel y ahora sólo debía seguir con lo que ya estaba iniciado.

El joven sentía que había hecho las cosas bien, que había conseguido sostener lo que había sido voluntad de su mejor amigo. El día a día apenas cambió de cara a la galería, pero en el interior era otra cosa.

De tener el control la mayor parte del tiempo había regresado al segundo plano, a ser un simple espectador del nuevo tiempo. Ahora él se encontraba con ganas de seguir aportando pero sin interferir en el buen hacer de Ra y tampoco regresar a su estado previo al encierro.

Interiormente siempre se había culpado de que Ra no hubiera visto venir aquel atentado que los enterraría en vida, si no se hubiera dedicado a su felicidad tal vez las cosas hubieran sido diferentes. El anfitrión no quería que aquello se repitiera y de igual modo no hallaría placer en nada que no supusiera una aportación a la mejoría de las vidas de los demás.

-Puedes hacer lo que quieras -le había dicho Ra.

Sí, sabía que se lo garantizaba pero…  ¿Pero qué podía hacer? Ya veía que su mejor amigo se valía y se bastaba para cuidar de sus dominios y él no quería quitarle ninguna de su competencias.

Había sido un sustituto y su tiempo había concluido. Ahora se sentía como una pieza que sobraba…

Sólo las visitas de Hécate conseguían aliviar esa desdicha y lograba distraerlo durante el tiempo que durara su estancia que generalmente duraban poco debido al trabajo de Kate y al de Ra. Aprovechaba el tiempo que se le concedía lo mejor posible y buscaba siempre mostrar su mejor cara.

Llegó un momento en que las actividades lúdicas en Palacio dejaron de divertirle y Hécate, muy perspicaz, lo notó y le dijo:

-Demos un paseo.

“Te vendrá bien” valoró el Supremo Señor del Sistema. “Si a ella lo disfruta..” contestó el joven, para él eso solía bastar.

Antes de que fuera capaz de decir nada Kate había tomado el control de la situación y ordenado a los guardias:

-Salimos de incógnito -inmediatamente apostilló-. Sin escolta.

Nadie se lo rebatió, había sido una orden directa. Poco después Hécate y el joven salían convenientemente disfrazados de Palacio y se dirigían a la ciudad. La urbe estaba muy animada y no dejaba de crecer y mejorar. Se veía a la gente feliz y los altares dedicados al Supremo Señor del Sistema estaban repletos de ofrendas y oraciones; estas últimas al final del día eran llevadas a Ra.

Nebnefer reconoció fácilmente algunos de los edificios en cuya construcción había colaborado aunque el cielo empezara a oscurecerse debido al anochecer. La iluminación destacaba su belleza  y la gente daba fin a su jornada con tranquilidad y sin prisas. Se palpaba en el ambiente que eran dichosos y se consideraban parte de algo… lo cual no era su caso.

Salir quizá no hubiera sido la mejor de las ideas. Y pronto se percató de que aquella desazón no se le podía ocultar a Hécate por mucho que deseara que no se preocupara, pues le preguntó con delicadeza:

-¿Qué te preocupa?

Nebnefer se pensó muy bien la respuesta. Bien mirado, su preocupación era una estupidez. Tenía todo lo que pudiera querer, le bastaba con pensarlo para tenerlo… y sin embargo su problema era que ya no le bastaba con eso. Quería ganárselo, trabajárselo y que fuera beneficioso para los demás… como había hecho hasta que dejó de estar solo.

Su contestación, la idea principal que lo atormentaba, brotó en un suspiro:

-No sé… cuál es mi sitio.

Hécate le planteó con una sonrisa:

-¿Por… la vuelta de Ra?

Nebnefer asintió antes de replicar:

-Pero… pero me alegra mucho su regreso.

-Es normal -concedió ella con una sonrisa- ¿Y si… buscas un trabajo para ti?

El joven la miró extrañado sin entender del todo lo que quería decir:

-¿Un trabajo?

-Sí, algo que te guste -contestó Hécate.

El anfitrión se encogió de hombros mientras decía avergonzado:

-Me… me gustaba lo que hacía.

Había disfrutado con el hecho de trabajar con sus manos para ayudar. Tener una influencia efectiva capaz de traer cambios positivos.

-¿Y no hay nada parecido que puedas hacer? -inquirió ella.

Nebnefer parpadeó y planteó queriendo saber a dónde quería Hécate ir a parar:

-¿Te refieres a los trabajos con construcción?

-Por ejemplo -repuso ella-, o algo como ayudar a la gente como buscándoles trabajo.

El joven se concedió unos minutos para reflexionar ese planteamiento. Cada ver estaba más perdido. De ahí que cuestionara dubitativo y confundido:

-¿Cómo buscarles trabajo? Creía que tenía que… buscar el mio…

Ella se rio dulcemente, su risa resultaba adorable para Nebnefer:

-Encontrar trabajo buscándole trabajo a otros,  un asesor.

-Pero… la mayoría saben qué es lo que quieren hacer… -objetó el anfitrión.

Hécate planteó:

-¿Los jóvenes también? Porque ahora que se ha mejorado sus condiciones o estilo de vida quizás podrían hacer otras cosas que no saben.

-Suelen elegir… en el colegio -le comentó encogiéndose de hombros. Allí se presentaban todas las opciones y ellos elegían en virtud de sus intereses y habilidades.

Ella murmuró pensativa:

-Uhm… ya veo.

El joven se reprendió a sí mismo por no habérselos mostrado antes. Eso habría sido de gran ayuda para sumergirse en el nuevo funcionamiento del sistema que ahora imperaba en los dominios del Supremo Señor del Sistema.

-¿No habéis… visto los colegios? -preguntó inseguro.

-No nos hemos quedado tanto tiempo viéndolos como para… saber eso -admitió Hécate algo cohibida.

“Ya me ocuparé yo de enseñárselo” le dijo su mejor amigo previamente a instarle “deja de preocuparte”.

Nebnefer quiso explicar cómo funcionaban los centros de estudios:

-Se… se les da una… formación general y ellos ahí van escogiendo… si quieren formación más especializada…

-¿Y si tienen dudas? -planteó Hécate.

El joven se encogió de hombros y replicó:

-No… entiendo lo qué quieres decir.

-Con respecto a qué camino quieren tomar -le aclaró ella.

Nebnefer apretó los labios. Hasta donde él tenía conocimiento nunca había pasado algo así. Obviamente la gente podía empezar un estudio, decidir que en realidad no le gustaba e ir otro… Muchas veces el mejor aprendizaje se daba a través de la práctica y la inmersión en la disciplina por la que se optaba.

De pronto Hécate salió con un planteamiento desconcertante que se salía de todo lo previsible:

-¿Y has pensado en ser profesor ?

El anfitrión sintió un escalofrío. La enseñanza era una rama muy importante, en absoluto trvial.

-¿Profesor? -preguntó, a continuación confesó-. No… nunca lo había pensado… hasta ahora.

Ella le dijo con una sinceridad arrasadora:

-Creo…qué se te daría bien.

-¿Y qué… podría enseñar yo? -inquirió Nebnefer nerviosamente.

Hécate quiso saber:

-¿Qué te gustaría?

-E… esa es una buena pregunta -dijo el joven turbado.

Ella sonrió comprensiva. Después lo intentó ayudar por medio de otro planteamiento aparentemente sin ninguna intención:

-¿Lees por ocio? -enseguida le concretó- Digo a parte de los informes y esas cosas.

El anfitrión bajó la mirada y reconoció:

-Lo… lo hacía.

Hécate continuó:

-¿Y qué género era tu favorito? -súbitamente calló, lo cual provocó que él la mirara a los ojos temiendo que la hubiera incomodado de algún modo. Entonces ella preguntó- ¿en pasado?

A Nebnefer le costó dar una respuesta:

-Lo hacía… antes de que Ra… se fuera.

Aquello pertenecía una etapa que ya se había cerrado, repentinamente pero hacía tiempo que se había acabado.

Ella se disculpó:

-Entiendo…lo siento.

No tenía por qué hacerlo pues ella no era culpable de aquello.  Sin embargo, solidaridad resultaba cálida y consoladora.

Por ello él le dijo con una pequeña sonrisa agradecida:

-No puedo volver a aquella vida… no sería justo.

Hécate asintió compresiva y algo sonrojada. Después le comentó:

-Tampoco tiene que ser un mal cambio.

Se refería a lo que estaba por ocurrir. No a lo había vivido, sino que en aquel momento las cosas mejoraban aunque él no supiera bien a dónde ir.

Nebnefer argumentó queriendo hacerle ver que no pretendía refugiarse en un pasado que ya no lo amparaba:

-No estoy diciendo que sea un mal cambio. Estoy contento con él al ver el bien que hace a la gente.

Ella lo animó:

-Pero también tienes que tenerte cuenta a ti.

Eso era lo que aspiraba a conseguir, pero sin caer en errores pasados. El joven buscaba un lugar desde el que pudiera aportar algo que ayudara… sin embargo lo último que deseaba era que aquello trajera cualquier tipo de problema.

El joven inclinó la cabeza afirmativamente:

-Ya… también lo dice Ra.

Con una gran constancia, proporcional al aprecio que le tenía. Estaba realmente preocupado por él.

Hécate esbozó una pequeña sonrisa al mismo tiempo que inquiría:

-¿Entonces… habrá que hacerle caso no? -a continuación le propuso dubitativa como quien se metía a tocar un tema delicado- ¿Y si enseñas más sobre…los tuyos?

Nebnefer se la quedó observando anonadado. ¿Los suyos? Los suyos eran la gente de los dominios de Ra. Eran aquellos que compartía con él la apertura necesaria para confiar y tener fe donde otros cerrarían las puertas del miedo y del rencor.

-¿Los… míos? -pidió que le explicara.

Ella hizo más que eso, le concretó:

-Los Antiguos.

El joven pestañeó estupefacto, quiso asegurarse de haber oído bien:

-¿Enseñar… sobre mis antepasados?

En realidad sabía poco acerca de ellos. Recordaba parte de las enseñanzas de sus padres y luego lo que su mejor amigo había ido aprendido. Quedaba mucho por saber para componer un retrato de una raza que había traído la vida a la Vía Láctea a la que ellos llamaron Avalon.  Tanta sabiduría plasmada en la red de los Sebaw ny esbau y un montón de cosas más que llevaba a seguir avanzando y aprendiendo, aceptando las diferencias como una riqueza que siempre sumaba; tomando la tolerancia y libre albedrío como las claves para conseguirla.

-Eso mismo -afirmó Hécate con una amplia sonrisa para seguidamente agregar con una seriedad inusual viniendo de ella-. Ellos nos crearon, a las dos razas y creo que… nos complementamos, no tiene sentido enfrentarnos y si se les pudiera enseñar esos valores a las nuevas generaciones comenzarían a ver que todos somos parte del universo y que todos estamos conectados -se puso colorada antes de admitir azorada- O… eso… pienso…

-Yo… también lo creo -se mostró de acuerdo el joven, después cuestionar- ¿Qué les parecerá a ellos?

No quería abochornarlos o que creyeran que estaba dando mal su mensaje. Su política era de no intervenir respetando el libre albedrío… mas siempre estaban ahí para guiar y él no quería señalar la dirección equivocada.

“No hay dirección equivocada Nebnefer” le comentó Ra con calma “son caminos que se emprenden y te llevan a donde necesites para aprender”

Hécate le dio su opinión:

-Los… jóvenes son curiosos por naturaleza yo creo que… será una nueva perspectiva que les llamará la atención.

El anfitrión sonrió animado y reconoció apuntando con un dedo hacia arriba, hacia el cielo cuajado de estrellas:

-También me refería a…

“Deberían pagarte por la labor que vas a hacer por ellos” bromeó su mejor amigo jocoso.

Ella miró un momento al cielo. A continuación le comentó francamente:

-He de admitir que no lo sé pero… si fuera yo… -sonrió- me alegraría por ver que lo que fue una intención se vuelve un hecho.

El anfitrión tomo su decisión en ese instante, para gran satisfacción del Supremo Señor del Sistema:

-Entonces… creo que podré hacerlo.

También Hécate se alegró mucho. Sonrió ampliamente y respondió:

-Seguro.

El joven hizo una solemne promesa dirigida a los presentes y a sus antepasados:

-Intentaré hacerlo lo mejor posible.

-Siempre lo haces Neb -le dio ella su voto de confianza.

Las mejillas de Nebnefer volvieron a teñirse de rojo entretanto le devolvía la sonrisa. Por fin tenía un objetivo, algo que aportar que ayudaría a esta nueva era a encauzar la senda abierta. Aquel era su papel y no fallaría ahora, daría lo mejor de sí mismo.

Tenía mucho que preparar.

Relacionado con: Parte I, Parte II, Parte III, Parte IV, Parte V, Parte VI, Parte VII,Parte VIII, Parte IX, Parte X, Parte XI

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6 comentarios en “La Luz de Ra XII

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