La Luz de Ra VIII

Continuamos con La Luz de Ra.

Abrir la mente a otras perspectivas te traerá las mayores riquezas.

Una nueva época dio comienzo en los dominios de Ra. Después de tanto tempo al joven le costó creerlo, pues en su interior temía que por alguna razón aquello fuera un espejismo tras el que se ocultaba su pesadilla.

Durante los primeros días, Nebnefer no se atrevió a ir más allá de lo que ya había ido por mucho que se lo pidiera su ib. Ya no quería más pruebas ni estar constantemente examinado por quienes en realidad no conocía la esencia de la vida en aquellos planetas. Así que se mantuvo a la expectativa, como si realmente nada hubiera sucedido.

Pero los cambios no dejaron de notarse. Los que lo sojuzgaron bajo su yugo mantenían una distancia prudente sin atreverse ya a darle instrucciones o controlarlo. Pese a ello, el anfitrión se mantenía alerta dispuesto a defender su posibilidad de movimiento y los derechos de los habitantes de los dominios, los mismo que les habían perdonado la vida.

Así, una mañana, se topó con una situación que lo pilló por sorpresa. Era el momento de la revisión de los informes y los recursos en donde ya empezaba a notarse de nuevo la huella del Supremo Señor del Sistema. Los que antaño se adjudicasen el papel de consejeros, apenas abrían al boca y les gustara o no admitían los cambios en la administración.

Lo increíble fue lo que ocurrió poco después del comienzo de la sesión. De pronto, Kate entró seguida de varios hombres que aunque mantenían un gesto marcial observaban todo con un genuino interés y, lo más importante, sano.

Nebnefer asistió patidifuso al cambio, tanto como los propios carceleros a los que la mujer les dijo:

-Vais a ser reubicados.

Aun sorprendidos, la noticia no les desagradó. Aquellos hombres dieron unas respuestas breves y los recién llegados o ocuparon su lugar. En un ademán instintivo de protección, Hekaneheh se acercó al trono.

-No lo entiendo, ¿cómo reubicados? ¿a dónde? -preguntó sin ocultar su perplejidad.

Kate contestó con una calma que consiguió que no se alarmara:

-A la Tierra.

“Al menos no me los volveré a encontrar” meditó. Porque no andaba entre sus planes ir a Tau’ri. Nada se le había perdido allí desde hacía milenios. Los dominios de Ra eran su hogar.

Era mucho pretender que no lo dejaran sin vigilancia, aunque podía prescindir muy bien de ella. Ella le inspiraba confianza, ¿pero la merecían los que acababan de llegar? Al fin y al cabo eran unos desconocidos.

-¿Y los van a sustituir ellos? -cuestionó.

La mujer le respondió entendiendo muy bien su inquietud:

-Este personal no es tan radical.

Dicho de otro modo, no eran tan cerrados de mente. Sin embargo debía ganárselos para que vieran lo que él y descubrieran el auténtico significado de la divinidad. Si tenían buena predisposición no sería difícil.

Nebnefer suspiró aliviado antes de contestar:

-Gracias.

El Azote de los Goa’uld comentó simplemente:

-No se puede recompensar la violencia, esta nos ha traído aquí.

El indicó que estaba de acuerdo con sus palabras:

-La violencia no es el camino.

La mujer añadió en un tono neutral:

-Es demasiado fina la línea y muy fácil traspasarla con el odio o el dolor.

El anfitrión concedió basándose en su propia experiencia:

-A veces se necesita un espacio que llenar con algo más.

-Imagino que esa puede ser una de las claves -valoró ella antes de pestañear.

Un leve gesto y los guardias se cuadraron ante él. Nebnefer los observó con detenimiento. Aquellos hombres tenían dos rangos de edad. Unos eran jóvenes, una edad parecida a la suya cuando Ra llegó a Tau’ri y los otros podrían superar fácilmente los 40 años. Una sorprendente combinación de vitalidad juvenil y serenidad adulta.

Kate le aseguró adelantándose a sus propias conclusiones:

-Te serán más abiertos.

El joven decidió probarlo:

-¿No me reprocharán mis… excursiones?

Una sombra de sonrisa socarrona se asomó al rosto de la mujer que le contestó:

-Los jóvenes se han enrolado básicamente para salir de la Tierra así que, hasta les apetezca acompañarte.

Y por lo que leyó en sus caras, ella decía la verdad. A algunos se les había iluminado la cara sin que pudieran ocultar. Eso le gustaba, no tener que andar con secretos u ocultando cosas. Los logros venían cuando se creaba una fase de confianza y tolerancia.

Nebnefer asintió al mismo tiempo que respondía:

-Bueno, yo puedo ofrecerles otros mundos que ver… si me dejan hacer. Ser como Ra habría sido, de verdad.

Eso antaño habría sido mucho pretender. No habían querido ver aquella posibilidad, preferían usar el pasado para construir la mentira. Ahora era otra historia y su consecución era tan factible como que en Tau’ri no tenían por qué sentirse amenazados por nada de aquello.

Ella inclinó la cabeza afirmativamente diciendo:

-Ya no vas a tener problema con eso.

El anfitrión tomó aire. Mejor mostrar las cartas para no tener que lamentarse después por algún choque causado por aquello que los irritase. Ello lo indujo a explicar:

-Porque hasta ahora me obligaban a fingir que actuara casi como Ra antes de… -se lo pensó antes de nombrar en voz alta- Atlantis.

Kate repuso:

-Lo sé, me he informado sobre eso. No fue un buen camino, así que cambiamos a otro.

¿Lo sabía absolutamente todo? ¿También lo de las noches? Cierto era que no había aparecido ninguna mujer más porque se les había dejado de pagar. Sus antiguos carceleros sabían que tal acto no los ayudaría ser aceptados allí.

El joven inquirió esperanzado:

-¿A otro?

El Azote de los Goa’ulds se lo confirmó:

-A uno donde la mente es más abierta y receptiva, sí.

Nebnefer admitió sin tapujos:

-Me gusta cómo suena eso.

Ella replicó satisfecha:

-Me alegro, espero que por aquí vayan mejor las cosas.

El anfitrión no podía asegurarlo totalmente. Pero algo le decía que estaban en el umbral de un camino que se podía caracterizar por eso. Una senda agradable para transitar.

-Creo que lo harán, sí -sentenció con sinceridad.

Contenta con esa impresión, la mujer cambió el rumbo de la conversación:

-Bien, sus compañeros ya están ocupando sus lugares -hizo una pausa previamente a despedirse-  Si está todo listo aquí, tengo que ir a junto de los demás.

Sintió un poco de tristeza ante esa perspectiva ya que su estancia  había resultado corta y le habría gustado que le diera algo más de información… conocer cuáles eran sus límites realmente.

“Puede que las barreras estén en que Tau’ri no nos vea como una amenaza” concluyó al mismo tiempo que replicaba acompañándose de un asentimiento:

-Está bien.

Ella contestó antes de llamar a los anillos para que se la llevaran:

-Estaremos en contacto.

Por lo visto le había cogido el gusto a ese tipo de efectos en su llegada o su marcha. Estaba claro que imponía. No se arrepentiría del movimiento realizado, le mostraría lo acertado de su decisión con todo el trabajo que tenía por delante.

Fuera como fuera, mientras el joven escrutaba a las nuevas incorporaciones decidió cambiar radicalmente su forma de actuar: haría que ellos se implicaran tanto como él en el cuidado de los dominios… les enseñaría lo mucho que eso podía llenar. Una felicidad accesible para quien, como él, estaba dispuesto a alcanzarla.

Relacionado con: Parte I, Parte II, Parte III, Parte IV, Parte V, Parte VI, Parte VII

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