La decisión

Una sola persona con el futuro en sus manos. De ella dependerá el triunfo del Equilibrio o del Caos.

La joven se inclinó y empezó a leer la inscripción de medu netjer que rodeaba el sarcófago del Protector de Maat. Sus palabras sonaron vacilantes al principio, pero poco a poco fueron adquiriendo seguridad conforme su poder se iba notando.

Nebjeperure había esperado aquello durante mucho tiempo, desde hacía más de tres mil años. Por fin, después de tanta soledad y dolor por fin había llegado el momento en que la Divina Potencia Creadora volvería a reinar y la ley de Maat imperaría por toda la eternidad.

Sin embargo habría no poca resistencia. A ella se enfrentaría sin vacilar, indicando que el único camino era el de la Regla. Cualquier otro estaba condenado al fracaso de uno u otro modo.

La primera resistencia vino en forma del sonido sibilante que hace una flecha disparada al atravesar el aire. La supo venir antes del grito de su padre, igual que conocía su destino.

-¡NO!

Bien enseñado por su antiguo Jefe de Arqueros y entrenado durante siglos, el joven la atrapó en pleno vuelo antes de volverse hacia su punto de origen mientras se colocaba entre este y su pretendido objetivo.

Vio a sus progenitores, espadas en mano avanzando hacia el Grande que hacía entrada en la cámara preparando un segundo disparo. Los miró a ambos previamente a decir:

-No llegaréis antes que mi flecha -luego lo miró a él fijamente-. No os saldréis con la vuestra.

El Divino Señor de las Dos Tierras le sostuvo la mirada y dejó caer la flecha al suelo. Su otra mano se agarraba al Emblema de Atón cuyo disco suponía la única luz que iluminaba la Morada Eterna.

-El problema lo tienes conmigo -le rebatió con seguridad haciéndoles un leve gesto a sus progenitores-. Déjala al margen.

Ramsés gruñó sin bajar el arma:

-Hijo del Kheru nada de lo que digas me engañará.

-Otros te engañaron -le rebatió el Magnífio rudamente-. Y tú les sigues haciendo la cama.

El Grande lo fulminó con la mirada. Nebjeperure creyó ver en él cierta contención que le impedía castigar aquel insulto. Después resopló y rugió:

-¡Lo dice quien quiere desatar Isefet!

El joven regente se habría reído de no ser la situación tan seria y urgente. O se implantaba la Ciudad del Horizonte, o habría que esperar una generación más. Ramsés tampoco estaba por eso último según podía deducirse por la flecha que lo apuntaba. Quería acabar con todo aquello para siempre, sin saber que así conseguiría todo lo contrario.

-Yo no mato a inocentes -fue lo que dijo con calma sabiendo, pese al desconcierto de sus acompañantes, que aquel era el camino.

Sus palabras parecieron una bofetada que Ramsés recibió con estoicismo. Mas antes de que pudiera replicar o reaccionar en cualquier sentido, el rey de la Tierra Negra inclinó el báculo. El disco solar luminoso se posó sobre el arcón que descansaba a un lado desde que lo trajera.

En cuanto lo apartó, la tapa del arcón cayó a un lado dejando salir su contenido que quedó delante de los pies de su interlocutor. Este resopló antes de preguntar molesto:

-¿Qué es esto?

No era el único que se hacía esa pregunta.

-Dímelo tú -dijo Nebjeperure seriamente-. Dime qué hicieron para sufrir aquel castigo.

El Grande frunció el ceño. Provocado, se agachó y cogió el grueso volumen lleno de ilustraciones que se habían esbozado siglo tras siglo clamando justicia.

-Fueron todos aquellos que tuvieron una relación con mi padre.

-¡¿Qué?! -exclamó el aludido, con bastantes ganas de lanzase contra Ramsés. El Hijo de Amón lo detuvo con un brazo, lo que llevó a que el Hijo de Atón le espetase- ¡¿Lo sabíais?!

El Grande le contestó rudamente sin molestarse en mirarle mientras examinaba los dibujos llegando a los que tenían las fechas más recientes:

-Yo no hice esto. Yo   -recalcó especialmente la palabra- que no mato inocentes.

-¿Por qué tendría que creerte? -le retó el Gran Vidente.

El rey de Shemeu y Temejeu contestó a su pregunta con la seguridad de quien había sido testigo de cosas que por mucho que se repitieran jamás dejarían de dolerle:

-Porque dice la verdad Padre. Él no fue.

-Entonces… -empezó a decir con brusquedad.

El joven lo interrumpió dirigiéndose al Grande, sabía que aquel momento era clave desde el momento en que ignoraba aquellos sucesos que siempre seguían a la muerte del Hijo de Atón:

-Pero él si sabe quién está detrás -luego le preguntó poniendo en sus manos una decisión que decidiría muchos destinos-. Dime Ramsés, ¿Quieres sufrir la condena o resarcirte?

Porque él sería el culpable de que reinara Isefet si seguía adelante con sus planes, fallando en su misión para la que había sido escogido por la Divina Potencia Creadora. Sin embargo, en su mano estaba la decisión de la Humanidad: la búsqueda de Maat o la rendición a quienes pretendían controlar un destructivo caos que lo arrasaría todo. Ya no eran habrían más aplazamientos, allí y entonces tenía que elegir el futuro de todos.

Relacionado con: Maat e Isefet y Símbolo Viviente de la Divinidad

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