El Principio VIII

Continuamos con un inicio distinto de la Película  StarGate, la Puerta de las Estrellas (1994)

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Tuvieron que pasar dos años para que se pudieran ver los resultados de su detallada planificación. Teniendo en cuenta que había que aplicarla evitando que por otro lado hubieran carencias (en la alimentación, el vestido, cerámica y otros objetos cotidianos), fue un periodo de tiempo relativamente corto.

A ello ayudaba la gran ventaja que suponía el liderazgo apoyado sin duda en la lealtad que le profesaban. No era ya cuestión de fe, muchos ya habían visto los beneficios que traían sus ideas y buscaban conseguir más. Eso los convertía en gente entusiasta que trabajaba con ganas mientras veía que él también lo hacía.

Su plan se había basado en la Agricultura y la Ganadería como dos de sus pilares centrales. Amplió la zona de cultivo para contar con un mayor espacio que les produjera alimento para ellos y los vecinos que quisieran adquirirlo en los intercambios comerciales.

No dejaron de lado la caza y la recolección. Sobre todo mientras esperaban a que tras la primera crecida los campos dieran sus frutos. Incluso entonces, estudiando el comportamiento del río, se le ocurrió implementar una mejora a base de canales que irrigaran las tierras.

Aquí cobraban especial importancia los almacenes para la cosecha. Con la ayuda de los padres de Nebnefer, se crearon unos específicos que permitirían la conservación de los excedentes durante mucho tiempo en previsión de que en alguna ocasión la crecida llegara a fallar.

Lo que aún quedaba por mejorar el sistema de evitar el robo por parte de los roedores, pero el solución ya iba vislumbrándose con la mano que su anfitrión demostraba tener con los fascinantes mau. Ya tenían una pareja con crías que empezaban a ver los beneficios de vivir entre los Tau’ris, siendo el principal de ellos el de la comida fácil.

El tercer pilar esencial para Ra fue la Enseñanza. Seguía mostrando a los aldeanos diferentes aspectos que podían mejorar: una vivienda más segura con un techo bajo el que guarecerse, una cocina diversa, mejoras en el aspecto personal, evolución de herramientas que iban desde las guerreras hasta las de caza o agrícolas, etc.

Ahí también entraba un rudimentario sistema de Escritura que ideó junto a los Antiguos que permitiría una mejor comunicación y a mayores distancias sin que tuviera que ir él personalmente a dar instrucciones a riesgo de que se tergiversara el mensaje.

Este trabajo recayó sobre todo en los más jóvenes para que ayudaran a sus mayores, de modo que no era raro que Ra estuviera rodeado de niños constantemente. Su enérgica vitalidad y su capacidad de aprendizaje eran reconfortantes a la vez que contemplaba el desarrollo de su creatividad desde la pureza propia de su edad.

Así, pese a lo duro que fueron las labores encomendadas empezó a florecer un lenguaje cultural que los dotaba a todos de una identidad que asumían con naturalidad. Esa cultura los hacía sentirse parte de algo que los amparaba y sacaba todo de su potencial simultáneamente valoraba sus cualidades  y compensaba sus defectos. Surgieron con fuerza la música, los juegos y una gran variedad de entretenimientos.

Mientras tanto, su naciente prosperidad atraía a más y más gente. Algunos eran nómadas que decidían integrarse y comenzar una nueva vida sedentaria cuya actividad y seguridad eran muy atractivas. Otros pertenecían otra tribus que comerciaban y se interesaban por aquella transformación. Su fama y reconocimiento se extendían gradualmente a una velocidad bastante sorprendente. La primera prueba de ello fue que ya llegaban hasta lo que ya era un pueblo, materias primas de puntos muy distantes.

Ra se percató entonces de que la demanda de tener lo que ellos y la ambición tenían un crecimiento que a medio y largo plazo se le iban a escapar de las manos. No temía los conflictos, ahora eran más fuertes y la derrota era improbable, lo que no le gustaba era la frustración que eso podría crear con los problemas subsiguientes.

Fue Melia quien dio palabras a su inquietud con la mayor naturalidad:

-Necesitamos refuerzos.

-Todavía harán falta años antes de que tengamos gente puedan colaborar en la administración -resopló Ra.

Al mirar a la madre de Nebnefer y a Janus se percató de que el tiempo no tenía el mismo valor para ellos que para él. A él le sobraba, pero a ellos no. De hecho llegaría un momento en que… No, los necesitaba y por muy alta que fuera su esperanza de vida no sería suficiente. Tampoco dejaría a su anfitrión sin quienes le dieron más que la vida… algo que él nunca habría deseado para sí hasta que descubrió Tau’ri.

Una sonrisa de la mujer le indicó que seguía el hilo de sus pensamientos. Él correspondió frunciendo el ceño, le incomodaba que hiciera eso constantemente.

Mas ella fue la que le ofreció una solución para ambos problemas:

-¿Y si trajeras ayuda?

Ra fue realista:

-Son peores que yo.

-Pero no tan convincentes como tú -replicó ella divertida. Tenía razón, nadie lo haría volver a la oscuridad. Ni siquiera su propia raza.

“Lo conseguirás” le apoyó Nebnefer que acariciaba ilusionado la idea de conocer gente nueva sin miedo a esta. “No los conoces” respondió Ra en son de advertencia. Pero esa vez no detuvo a un joven que con él se sentía fuerte, capaz de superar los más difíciles obstáculos para conseguir lo que se propusiera. “Por eso” le dijo “quiero conocerlos”.

Madre e hijo se habían aliado a favor de una idea que a Ra no le convencía. Todo lo contrario, ellos no tenían ni idea de cómo era su raza. Eran depredadores, que se extendían como una plaga por toda la Galaxia sin freno.

-Dales la oportunidad de ver esto -le dijo Melia.

Los ojos del Supremo Señor del Sistema brillaron. ¿Y si no les gustaba? ¿Y si lo rechazaban? ¿Qué haría entonces? ¿Encerrarlos? De pronto la idea no le parecía descabellada, tenerlos encerrados hasta que se convencieran de que aquella era su última oportunidad para vivir evitando la extinción.

-Con una condición -le contestó a la madre de Nebnefer que sonreía contenta con su nuevo logro-. Que accedas a ser la anfitriona de uno de ellos.

A lo cual ella respondió atreviéndose a ponerle una condición que por lo demás contaba con ella por lo lógica:

-Lo haré si hay también alguien para Janus -después le pidió-. Nos gustaría conocerlos antes.

-Cuenta con ello -le aseguró Ra que sentía que le invadía la alegría de su anfitrión.

“Haré que esto funcione” les prometió a ambos contundente “No me importa lo que cueste” Sus dudas las convertiría en herramientas con las que se valdría para la consecución de su objetivo.

De ese modo, un poco más tarde tuvo una reunión con Atum. Se cercioró primero de que nadie pudiera escuchar su conversación, lo cual no era difícil a esas horas en que ya no hacía tanto calor: todos estaban inmersos en sus diversas tareas asignadas. Hasta los niños jugaban en torno a la orilla de un lago con juguetes creados por ellos mismos o unos hábiles artesanos.

No se anduvo con rodeos con su subordinado:

-Vas a hacer una llamada.

Fue innecesario dar más explicaciones. Su interlocutor hacía tiempo que se lo había planteado y él lo había descartado en su momento. Ahora era oportuno y necesario.

Si Atum llegó sorprenderse, este disimuló su perplejidad en seguida. A continuación le preguntó:

-¿Has pensado en alguien?

-Así es -reconoció él. La verdad es que tenía varios nombres en mente, pero su primera llamada marcaría el desarrollo de los siguientes acontecimientos-. Egeria.

Ahora Atum no pudo ocultar su asombro:

-Hathor está fuerte, sería una alianza más fuerte.

Y ella tendría cierto poder ascendente sobre él al ser consciente de ello, demandaría concesiones que lo harían peligrar todo. No, su intención era salir reforzado pero que no quedara expuesto. Esto se cumplía con su reina actual, se consideraría afortunada por ser la elegida y sus exigencias no serían desproporcionadas.

-Quiero a Egeria -repuso con firmeza-. Después llamaré a Hathor.

Su subordinado no estaba del todo convencido al recordarlo:

-Hathor buscará otros aliados con los que rivalizar.

-No hará nada excepcional si no se entera de nada -gruñó autoritario el Supremo Señor del Sistema-. Lo descubrirá una vez venga.

La ignorancia nunca había sido su mejor aliada como en aquel momento.

Atum se doblegó y preguntó:

-¿Qué debo decirle en el mensaje a Egeria?

-Dile que he encontrado la salvación para nuestra raza y que ella será parte importante de la misma si se reúne conmigo a solas -contestó Ra.

Nada mejor para atraer a alguien que darle una importancia que todavía no tenía para algo transcendental. Sentiría curiosidad con aquel mensaje y su deseo de elevarse de modo en que fuera la llevaría ante él, al punto donde él quería, sin contárselo a nadie. De ella dependería cuán cierto sería su mensaje, si de verdad salvaría a su raza y la elevaría a lo alto… o en realidad sería una trampa.

Atum realizó la llamada y esa misma noche, cuando todos dormían, su mensaje obtuvo respuesta. Ella llegó a través del Sebaw ny esbau y, sin tiempo a más, los anillos la llevaron a la Ha’tak. Su desconfianza, ya latente, se intensificó al saberse en una trampa.

Gruñó mientras los anillos desaparecían detrás de la puerta y se giró en redondo con la Zat y su Kara’kesh a punto. Entonces al pie de la escalera vio a Atum que la aguardaba.

-Atum -lo llamó amenazadora.

El aludido no se inmutó, simplemente la invitó con un gesto:

-Ra aguarda.

Egeria gruñó mientras sus ojos brillaban. No tenía otra alternativa, así que seguiría el juego para ver a donde la llevaba. Bajó lentamente los escalones y siguió a Atum a través de la estancia. Se detuvieron al pie de un estrado justo en el momento en que las puertas que llevaban al puente de mando se abrían.

Estas dejaron pasar a un ser de una raza que jamás había visto previamente. Era más bajo y esbelto y parecía débil. Pero la elegante forma de andar le advirtió de que no era lo que parecía. Tuvo otra prueba más cuando los ojos de aquella criatura brillaron mientras se sentaba en el trono y le saludaba:

-Bienvenida Egeria.

-¡¡¿Ra?!! -exclamó sobresaltada clavando su mirada en aquel cuerpo- ¡¡¿Qué es eso?!!

Su tranquila y segura contestación la dejó pasmada e intrigada:

-Nuestro futuro.

Jamás olvidaría esas dos palabras. Su significación, su simbolismo… nunca sería mejor descrito. Una puerta se abría ante ella y ese cruce sólo sería el principio.

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