El Principio V

Continuamos con un inicio distinto de la Película  StarGate, la Puerta de las Estrellas (1994)

El río Nilo se desbordaba todos los años, haciendo imposible erigir ciudades permanentes en sus orillas.

Poco tiempo después de aquella reunión con el jefe, Ra se puso manos a la obra. Con la información proporcionada por Atum acabó totalmente convencido de que Tau’ri poseía una gran diversidad clave en ese potencial que pretendía explotar. En consecuencia, llegó el momento de dar los primeros pasos.

Lo primero que hizo fue observar la aldea y desentrañar el sencillo comportamiento de la tribu. Cazadores y recolectores, tenían una incipiente agricultura que cuyo papel era meramente complementario. Además trabajaban una cerámica muy básica y un tejido bastante simple. Los excedentes los empleaban en los intercambios comerciales con otras aldeas a través de los cuales conseguían algunos materiales y productos para adornos o incluso maquillaje.

A partir de esos datos el Supremo Señor trazó sus propios planes. Había que darle más importancia a la agricultura, la cual podía dar de comer para todo el año. Si se domesticaban y criaban algunos animales que se cazaban se podría conseguir más elementos que la carne y su acceso sería más sencillo. Ello supondría una reorganización de recursos que redundaría en gente disponible para las otras tareas.

Sin embargo, durante una nueva reunión con el jefe en la que estuvieron presentes los padres de Nebnefer, se topó con la resistencia del líder a esos cambios tan básicos.

-Nos moriremos de hambre -le argumentó-. No podemos dejar de cazar y recolectar.

No hubo manera de convencerlo aunque se le dijera que él tenía medios para hacer el paso más fácil sin que supusiera una ruptura radical. Tampoco quiso oír hablar de cercar la aldea con un muro por la misma razón: se necesitaban más manos de las que estaba dispuesto a ceder.

“O más bien tiene miedo de delegar” pensaba Ra conteniendo sus irritación “Cree que perderá así su influencia”. En eso último podría tener cierta razón si se empeñaba en continuar con esa actitud de control pasivo.

-Pero puedes hacer que tengamos ese tipo ese vestimenta -le había dicho dándole una última concesión mientras le señalaba. Aquella tarea correspondía a las mujeres que eran las que pasaban el tiempo en la aldea, mejorarla no suponía un esfuerzo extraordinario para él.

“Pero sí para las mujeres” concluyó el Supremo Señor del Sistema. Según lo veía él ambos géneros eran igualmente válidos aunque fueran distintos. Eso también se aplicaba a su raza, pero con un peligro mayor. Una reina era muy valiosa y el Señor del Sistema que contara con una de ellas era superior… siempre que supiera mantenerse a la altura.

Apenas necesitó unas semanas para enseñar a una mujeres muy entusiasmadas las claves que supondrían una mejora cualitativa y cuantitativa en la producción de tejidos con prácticamente el mismo esfuerzo. Esto dejaban de reducirse a las pieles de animales y se ampliaban para empezar al lino. En el futuro habría mayor diversidad en lo que se refería a los animales.

Vistos los primeros resultados y superadas las primeras reticencias, se entregaron con mayor pasión a su labor. Mas el primer sorprendido fue él cuando, no bien dominada la técnica, ellas se le acercaban entusiasmadas a enseñarle sus logros.

-Para vosotros -le decían más de una vez.

Y mientras Nebnefer se extasiaba ante aquellas creaciones con esa emoción que a él lo invadía y le resultaba adictiva, él contestaba:

-No hace falta.

-¿No os gusta? -era la pregunta habitual.

Y él tenía que responder:

-Claro que sí, pero lo necesitáis para vestir y comerciar.

-Tenemos muchos -objetaban ellas.

Y ante el deseo apenas expresado de su anfitrión y ese deseo de complacer que veía en aquellas mujeres, no podía ni quería negarse. De ese modo también les dio ideas para varios diseños que llevaría a gusto.

Ese avance atrajo a otras tribus que se acercaban a comerciar. El Supremo Señor del Sistema constató dos cosas: fascinación y envidia. Mientras la tribu conseguía mayores ganancias, él observaba cómo la gente miraba el Sebaw ny esbau y esa riqueza que empezaban a desear para sí.

“Y eso que no han visto nada” decía Nebnefer. Pero Ra veía otra cosa, una amenaza “Esto traerá problemas”.

“¿Por qué?” planteó el joven inquieto, temeroso por lo que podría suponer para los suyos. Esa sensación le desagradó profundamente y lo llevó a replicar “Quieren lo que habéis conseguido pero a cambio de nada, resolveré esto”.

Y le siguió ese sentimiento cálido que lo impulsaba a seguir adelante mientras su anfitrión respondía “Confío en ti”.

Él se limitó a resoplar entretanto sus ojos brillaban. Tenía las ideas muy claras y pobre de quien fuera contra ellas. Si aquello desembocaba en lo que preveía, actuaría sin vacilar. Simplemente esperaría al momento adecuado.

Mientras esperaba que se presentara la ocasión, Ra se centró en otro aspecto de su proyecto: la Agricultura. Dada la censura del jefe, no contaba con manos para extenderla pero él contaba con sobrados medios propios.

Entre Atum y él empezaron a trabajar en una parte del río que se inundaban todos los años. Prepararon la tierra para que recibiera el rico limo que daría unas fabulosas cosechas. Nada como la tecnología a falta de gente, lo cual se arreglaría a no mucho tardar.

Les bastaron tres jornadas para disponerlo todo: despejar la tierra y roturarla. El mantenimiento, el sembrado y la cosecha serían otro cantar. Los dos últimos se realizarían cuando las aguas bajaran de nivel y el primero no necesitaba una atención diaria.

Al acabar le comentó a Atum mientras volvían caminando a la aldea:

-Habrá que buscar semillas y granos.

-Hay algunas ubicaciones en las que se pueden encontrar -le respondió este con voz neutra-. No quedan muy lejos.

El Supremo Señor del Sistema sentenció:

-Necesitaré esa información para mañana.

Atum se detuvo y le preguntó extrañado:

-¿Vas a ir a buscarlas?

-Iremos a buscarlas -le incluyó. Era esencial recolectar la mayor cantidad posible, de ahí que fuera esencial que él también lo acompañara en esa labor-. Seguirás a Nebnefer, él conoce este lugar.

Su anfitrión sabía moverse y cómo moverse. Estaba habituado a salir de recolección, lo cual le daba la oportunidad de explorar en una satisfacción de su curiosidad alimentándola con conocimiento.

Su interlocutor gruñó aceptando su voluntad en el mismo instante en que vieron llegar a los padres del joven. Habían salido de la cabaña del jefe con la preocupación teñida en los rostros. Se recompusieron enseguida pero Ra almacenó esa información.

-El jefe no está contento con lo que haces -le indicó Janus.

Todo el mundo sabía de qué hablaba. Al no renunciar a la Agricultura, iba en contra de su negativa. Se veía a las claras que el asunto era mucho más grave que el de necesitar a hombres y mujeres para esa labor, en realidad aquel hombre veía su acción como una amenaza…

Si su plan funcionaba su tribu lo favorecería a él en lugar de al jefe. “Estúpido” pensó, lo cual hizo sonreír a la pareja.

-Es mi iniciativa -respondió el Supremo Señor del Sistema contundente-. Por lo tanto yo decidiré lo que hago.

-¿Esa decisión podría implicar que nosotros os echáramos una mano? -quiso saber la madre de Nebnefer, de nombre Melia.

El ofrecimiento no lo pilló por sorpresa. Conocía su personalidad colaborativa, también que aquella tribu les debía mucho a los Antiguos que poco a poco iban enseñándoles unas bases que coincidían con las suyas.

-Necesito disponer de un lugar de almacenamiento seco y cerrado en el que tener semillas y granos -indicó.

Janus contestó resuelto:

-Eso es fácil, tendremos algo pronto.

-Podemos copiar el modelo de cara a la cosecha -repuso Ra aprobador, luego cambió de tema haciéndoles ver que era imposible ocultarle nada- ¿Qué os preocupa?

Ambos compañeros se miraron meditando muy bien lo que iban a decir. Después de un asentimiento por parte de Janus, Melia le reveló:

-Otra tribu pretende conquistarnos.

“Me supongo por qué” concluyó él antes de afirmar muy seguro:

-Una decisión equivocada.

No iba a quedarse de brazos cruzados. Tampoco iba a preguntarles a los progenitores de Nebnefer cómo lo sabían, era cuestión de una excepcional naturaleza que los hacía a todos ellos afortunados por tenerlos allí.

-Se lo hemos dicho al jefe -le informó Janus.

Él contestó con sorna:

-Y a vosotros os habrá creído.

“Por la cuenta que le trae” apostilló Ra. Uno podía sabotear la vida y la prosperidad de su gente y uno mismo  por pura ambición. ¡Pero que otros lo hicieran era inaceptable! Sin embargo, él se había creado su propia debilidad… si no hubiera sido tan corto de miras la otra tribu no tendría otra opción que aprender de ellos.

-Cuestión de suerte -indicó el padre de Nebnefer-, y de que solemos tener razón.

Fuera como fuera, al final no importaba en qué desembocaban aquellos actos. Ra se negaba a perder su ruta marcada o a vivir un sufrimiento gratuito. Por lo que el destino de quienes pretendieran eso consciente o inconscientemente estaba sellado.

Entonces demandó saber:

-Sólo tengo que saber una cosa: Cuándo se espera que vengan.

Parte I / Parte II / Parte III / Parte IV

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4 comentarios en “El Principio V

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