Horus en el Nido

¡Hola!

Junto a las Noticias de vez en cuando aparecerán posts como este. Son pinceladas cortas de narrativa que pueden o no formar parte de alguna narración más extensa.

Lo que pondré, a veces serán solo los esbozos,  y otras quizá serán relatos largos contados por entregas para mayor disfrute.

Irán con su etiqueta específica de ‘Literatura’. Algunos tendrán etiquetas subordinadas que especificarán la temática que no coincidirán con las de las Noticias.

Antes de nada aclarar que mi escritura oscilará entre la Fantasía y la Fantasía Histórica. A veces aparecerán reflejos de la realidad, lo cual se debe a que esta es una buena base en la que inspirarse… ¡Sobre todo si uno quiere soñar con que las cosas pudieran ser diferentes y cambiarlas!

Y sin más preámbulos os deseo que disfrutéis de esta entrega.


Horus en el Nido

En un mundo no muy distinto al nuestro, en el que la magia todo lo impregna, una etapa acaba y otra comienza.

El maestro, paciente, dictaba a los niños unas viejas enseñanzas que debían transcribir lo mejor posible en las ostracas. El papiro, por lo valioso, estaba destinado a los escribas ya formados y aquí se podían permitir unos errores cada vez menos tolerados.

Los estudiantes soportaban la dureza de las clases con estoicismo, era lo que se esperaba de los futuros nobles que estaban llamados a suceder a sus progenitores. Tal era el caso del Horus en el Nido que disfrutaba más de las viejas enseñanzas que de los problemas matemáticos que siempre le costaban más.

Incluso en aquella aula que formaba a la élite de la Tierra Negra[1], los fallos se corregían como en todas las demás. No eran pocos los que veían con temor a que el maestro tuviera que emplear la vara para abrir la oreja de la espalda.

Aquella mañana hacía mucho calor y apenas corría la brisa. Quizá por ello el anciano profesor decidiera ser un poco más indulgente ante el sopor que inspiraba cierta pereza.

Hasta él rezaba rogando por la pronta llegada de una Inundación por la que rogaban las zonas anegables que esperaban a ser cultivadas. Pero no se engañaba, el ambiente enrarecido estaba preñado de unos malos augurios que todos buscaban ignorar mientras entre las sombras se movían quienes en su ambición poco les importaba la ruina del Doble País.

Aquella guerra llevaba demasiado tiempo en marcha sin un fin definitivo y con demasiadas víctimas. Unas veces soterrada, otras bien visible… Ahora llegaba esta última fase, en la que los movimientos fingían una discreción que nadie creía. Menos aún los niños que en su sensibilidad todo lo notaban.

Sin embargo, uno de los niños lo percibía todo con una nitidez tal que su ib se veía obligado a soportar un peso demasiado grande para su corta edad de 8 años. Cualquiera que lo mirase a los ojos, podía leer en ellos lo que sentía sin evitar compartir su sentir.

Aquel fue uno de esos días en que una pieza del tablero se movió trayendo con ello un dolor a aquel niño que vivía intensamente cuándo se atentaba contra Maat llegando a verlo como si estuviera presente en el lugar de los hechos.

Perdió todo el color y se dobló sobre sí mismo en un deseo inconsciente de aliviar aquel sufrimiento mientras las lágrimas asomaban a sus ojos y empezaban a correr por sus mejillas.

-No…. no… -sollozó.

Su hermana, de dos años más que él intentó tranquilizarlo:

-Vamos, sen sheri[2] tienes que aguantar hasta el final.

Su hermana tenía su misma esencia, pero estaba reservada para más adelante.

-No puedo -musitó él con voz ahogada.

Su conversación fue interrumpida por el profesor que les llamó la atención amenazador:

-Su Majestad espera de vosotros buenos resultados -chasqueó la lengua-. Y pienso conseguirlo.

“Su Majestad ya no está” pensó el niño llorando desconsolado. Y nada que hiciera iba a ayudarla. De hecho se sentía mal por no poder salvarla de aquel destino decretado por unos enemigos que tenían una osadía imponente.

El niño se levantó ante sus sorprendidos compañeros dejando caer al suelo el cálamo y la ostraca en la que había estado escribiendo, y echó a correr hacia la salida vigilada por dos guardias.

-¡Detenedlo! -ordenó el maestro.

Lamentablemente para el niño los guerreros fueron muy eficientes. Uno se plantó en la puerta y el otro lo agarró firmemente de los hombros impidiéndole cualquier movimiento.

-Muy bien -dijo el profesor con la vara en la mano cruzando la estancia-. Os recordaré que no debéis abandonar la clase antes de tiempo.

Poco le importaba lo que eso implicaba, quería marcharse de allí. Necesitaba a quienes todavía le quedaban en aquella vida… Tenía mucho miedo, un miedo muy justificado, a que fueran a por él.

Pero su hermana, que lo conocía muy bien, se levantó y se puso entre ambos pidiéndole:

-Dejadme hablar con él.

Eso era mucho más que una petición, era una orden. El maestro tuvo que ceder:

-Tienes un momento.

Ella se le acercó y empezó a secar unas lágrimas que no dejaban de manar:

-Tienes que aguantar.

-No puedo… quiero ir con… -contestó acongojado el aludido.

Su hermana, preocupada, lo interrumpió antes de que dijera algo imprudente:

-Vendrá luego -después le dijo al guardia-. Puedes soltarlo.

Pero este tras consultarlo con el profesor con una mirada, no lo hizo.  Eso desesperó al niño que tomó tembloroso las manos de la niña diciendo:

-Te… tenemos que irnos.

Un contacto de manos, una unión de unas esencias de naturaleza afín fue más que suficiente. Las lágrimas también se abrieron por sus mejillas en cuanto atisbó lo que había ocurrido.

-¿Madre? -inquirió.

Obtuvo un asentimiento por toda respuesta.

El maestro gruñó irritado provocando una gran expectación a golpe de vara en su mano libre:

-¡Se acabó el tiempo!

-Nos encontramos mal -declaró la niña tristemente-. Necesitamos a nuestra enmaet[3].

Aunque ninguno de los dos estaba pensando en Maia o Tey.

-¡No estáis enfermos! -replicó el profesor, chasqueó la vara- ¡No tolero la insolencia en mis clases!

Aquella situación era bastante nueva para el hombre. Sabía que algún día esos niños serían la Pareja Real, mas hasta entones debían ser educados y formados. ¡Y todavía quedaba mucho para eso! Tenían que aprender que, pese a su excelso hogar, sus privilegios no los libraban de unas obligaciones que tenían para con su tierra.

-¡¡MOSATÓN!! -llamó el hermano menor angustiado- ¡¡MOSATÓN!!

El hombre se paró en seco, aquello sobrepasaba sus competencias y lo colocaba en una situación harto difícil. Sabía que el niño era especial y que tenía unas vivencias que nunca se las desearía a su peor enemigo. Fuera lo que fuera, aquello no era un nimiedad pero tampoco sabía cómo calificarlo. Veía el pesar pero también un miedo que compartían ambos hermanos.

“Tendré que hablar con Su Majestad de esto” decidió mientras le mandaba a al guardia que bloqueaba el acceso a la puerta:

-Ve a buscarlo.

El guerrero asintió en silencio y se apartó. Luego abrió la puerta por la que entró veloz el magnífico felino que acompañaba al niño a casi todas partes. Los demás estudiantes se removieron inquietos y algo asustados por su presencia, pero no así el Horus en el Nido.

Aprovechando que el soldado había aflojado su presa se abrazó al cuello del felino que dejó de gruñir para pasar a ronronear sosegador. Sus lágrimas mojaron el lustro pelaje pero el animal se dejó hacer inmutable aceptando también a la hermana mayor que acariciaba su lomo.

Sa -dijo el niño quedamente mientras se iba tranquilizando-. Lo siento mucho…

La oración quedó inconclusa pues fue interrumpida por la llegada del Protector de Maat que le dijo con aquella calma tan propia de él mientras se arrodillaba a su lado:

-Divinidad, ya está. Estáis a salvo.

-¿No habéis podido hacer nada? -preguntó su hermana que también se iba recuperando del shock.

Cuando apartó la cara del cuello del leopardo negro el niño vio la Jepesh teñida de sangre del autor del crimen que sacudiría Ta-Meri. Se estremeció de arriba a abajo.

-No Alteza, pero ni su muerte será en vano ni su ib fallará cuando se presente ante Atón -contestó Mosatón, luego se volvió hacia su hermano menor-. Debéis prepararos Divinidad.

El niño se enjuagó unas lágrimas que no lo abandonarían en bastante tiempo. Luego replicó con voz trémula:

-Quiero ir con… decirle que…

El guerrero entendió entre líneas lo que quería decir y por ello le contestó:

-Él también os lo dirá, no es culpa vuestra. Todavía sois demasiado joven.

-Pero… -quiso objetar. No se sentía así. ¡No era Maat la muerte de Anjetenjeprure[4], quien fuera Gran Esposa Real de su padre y hasta ahora Divino Señor de las Dos Tierras! ¡Tenía que haberlo impedido!

Sin embargo la demanda del profesor dejó su réplica sin terminar:

-Quisiera continuar con mi clase.

Sin levantarse Mosatón zanjó el tema con una contundencia que precedió a un gran alboroto:

-Hoy no habrá más clase, el Divino Señor de las Dos Tierras, Vida, Salud Fuerza, le sean dadas por toda la Eternidad, ha ido a reunirse con Atón -a continuación puso sus manos en los hombros del niño-. Y ahora Divinidad, debéis prepararos para ocupar vuestro lugar.

El pequeño no fue consciente de los gritos, llantos, lamentos y otros ruidos que se prodigaron a su alrededor mientras el alumnado y el maestro desalojaban la estancia de forma atropellada. Sintió que caía sobre su ib un peso enorme que amenazaba con aplastarlo.

Mosatón lo percibió enseguida y tras mirar un momento a la niña volvió a centrarse en él:

-Nunca estaréis solo Divinidad.

-Estaré a tu lado sen sheri -le dijo suavemente su hermana que intentó bromear-. Y te tendrás que aguantar.

El niño le devolvió una pequeña sonrisa, se sentía un poco más aliviado. ¡Ojalá ese fuera el mayor de todos los males a los que tendría que enfrentarse!

El guerrero rodó los ojos ante aquel comentario. Después se puso en pie y les dijo a los dos hermanos:

-Vamos, hay mucho que preparar y hablar -acto seguido añadió para dejar claro que pese a los cambios las cosas mantendrían el ritmo para quienes todavía estaban en la última etapa de la infancia-. Continuaréis las clases otro día.

Sí, empezaba una nueva etapa. Una que resultaría decisiva para Shemeu y Tamejeu y el resto del mundo. Estaba en juego la mismísima Creación que se mantenía gracias a Maat cuya encarnación solo contaba con ocho años de edad. Esos dos niños suponían la única esperanza, la diferencia entre la creación y la destrucción.


[1]              Tierra Negra: Khemet. El nombre de Egipto debido al limo que anualmente llegaba a los campos con la Inundación.

[2]              Sen sheri: Hermanito.

[3]              Enmaet: Nodriza.

[4]              Anjetenjeprure: Nombre de coronación de la Gran Esposa Real Neferiti como sucesora de su marido Neferjeperure Uaenre Ajenatón.

 

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Un comentario en “Horus en el Nido

  1. Pingback: Maat e Isefet | Anuska Martínez

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